Fuego enemigo

Mimo Titos

Por razones ignotas Felipe González anda preocupado por las “bajas colaterales por fuego amigo” que parecen estar provocando la aparición de “Público” hoy mismo y la segunda “guerra del fútbol” entre Prisa y Mediapro. No se entiende demasiado bien su preocupación dado que se le supone defensor de la libre competencia y de la menor interferencia posible del poder político en asuntos empresariales. Así que bienvenido sea “Público” con la esperanza de que logre consolidar una cuota de lectores suficiente para acompañar nuestra singladura democrática por un largo tiempo.

Más importante parece el “fuego enemigo” que ha provocado el fallecimiento de dos militares españoles en Afganistán. Todavía no sabemos si la mina que asesinó a Germán Pérez y a Stanley Mera fue activada a distancia mediante un cable o simplemente por el peso del vehículo en el que circulaban (qué ridícula se antoja ahora la polémica sobre los inhibidores suscitada por el PP tras el asesinato en junio de seis de nuestros militares en el sur del Líbano mediante coche bomba). Lo que sí está claro es que las dos muertes del lunes, como las del soldado de origen peruano asesinado en julio de 2006 y la de la soldado española asesinada en febrero pasado, ambas también por explosión de una mina en los caminos pedregosos de Afganistán, son cualitativamente distintas de las otras 80 bajas por accidente que ha sufrido nuestro destacamento militar en Afganistán (62 fallecidos en el Yakolev 42, 17 en el helicóptero Cougar y 1 en accidente de carretera). Todas ellas juntas sitúan a nuestro destacamento en segundo lugar en el macabro ranking de bajas en Afganistán, sólo por detrás de EE.UU. Y sin embargo, por la naturaleza de sus funciones, nuestro contingente es de los que menos bajas ha sufrido por efecto de un ataque.

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