Permafrost
Disculpen que no aborde cuestiones de candente actualidad. En mi comentario de hoy seguiré en la línea de mi monotem´stica fijación por los juntaletras de nuestra fauna informativa local. El protagonista de mi anterior artículo no lo ser´s hoy en exclusiva, aunque, sin duda, ninguna referencia a los aspaventeros del foro o (para el caso es lo mismo) plañideras medi´sticas de gobiernos difuntos puede pasar por alto las excelencias de don Pedro.
La notable práctica periodística a la que deseo referirme es aquella que consiste en imprimir titulares como quien toca la bocina, con gran alharaca, rechinar de dientes e invocaciones al acabóse o, como indicó un redactor de El Mundo a un policía que le filtraba información, «a to trapo, metiendo mucho ruido.» Una práctica, además, que comparte con la higuera bíblica la vacuidad de sustancia bajo una apariencia rozagante y que, durante esta legislatura, los medios de siempre han empleado con prodigalidad de manirrotos.
Son muchas las manifestaciones de esta actitud, pero hoy me limitaré a señalar una de ellas: la exposición arrebatadamente solemne y milenarista de los mayores infundios de los «buenos». Dejo para un próximo artículo otra de las modalidades: la tergiversada exposición escandalizada y escandalizante de las afirmaciones más obvias de los «malos». Como cualquier asunto vale para ilustrar lo que digo, les aburriré un día más con ejemplos extraídos del 11-M.