Pablo BeramendiÂ
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John McCain necesitaba ganar el debate de ayer. Lo perdió. Nadie, ni siquiera los comentaristas republicanos de la CNN, cuestionaron el resultado del debate. Las encuestas entre votantes indecisos sugieren una ventaja de Obama de mas de veinte puntos en preguntas como “quien lo hizo mejor†y, lo que es más importante, quien crees que va a ser mas capaz de “gestionar la crisis financiera†y “solucionar los problemas de la economÃaâ€. Los encuestados sitúan a Obama incluso por encima en liderazgo (diez puntos de ventaja sobre McCain en “quien crees que será un lÃder fuerte para el paÃsâ€) y capacidad para gestionar la situación en Irak. McCain solo tiene cuatro puntos de ventaja cuando la pregunta se refiere a lucha contra el terrorismo. Obama ha adoptado una estrategia de bajo riesgo en ambos debates, si bien ayer rebatió con más fuerza y efectividad los intentos de cuestionar su criterio en polÃtica internacional. No le hace falta más. Con una ventaja de seis puntos consolidada en las encuestas nacionales y ganando terreno en los estados clave (Pennsylvania, Michigan, Wisconsin, New Hampshire muestran ya ventajas de mas de 10 puntos; Colorado, Ohio, Virginia y New Mexico muestran ventajas para Obama entre 4-5 puntos; en Florida la ventaja es menor, 3 puntos, pero con una tendencia creciente, en incluso en Carolina del Norte, con quince delegados en el colegio electoral que parecÃan propiedad privada de los republicanos, la situación es ahora un empate, con tendencia favorable para Obama). En ausencia de un acontecimiento excepcional que cambie la tendencia de fondo, parece cada vez más claro que habrá cambio de partido en la Casa Blanca y un incremento del poder demócrata en el legislativo. Un cambio brusco en dirección contraria, aunque posible, resulta cada vez menos probable.