Andrés Gastey
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Cada época tiene sus camelos.
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Quienes elaboran y utilizan el lenguaje público van introduciendo subrepticiamente en él algunas frasecillas biensonantes. Como consecuencia de su uso repetido e irreflexivo, generan lugares comunes que conviene diseccionar. A menudo, este análisis lleva a la conclusión de que se nos coloca impunemente mercancÃa discursiva averiada.
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Por poner un ejemplo histórico reciente, aludiré a un camelo que se vendió con mucho éxito durante nuestra Santa Transición: «no hay que confundir libertad con libertinaje». Esto solÃan proferir ciertos personajes encorbatados que aparecÃan en pantallas en blanco y negro, con bigotito fino, gafas oscuras y un pañuelo blanco que asomaba por el bolsillo de la pechera de su chaqueta. En realidad, lo que nos querÃan decir era lo siguiente: para ellos la libertad y el libertinaje sà eran lo mismo, y mucho ojo con exigir la primera, porque caerÃamos nefandamente en lo segundo.