¿Crisis del sistema educativo?

José Saturnino Martínez García

Cada vez que se habla de Educación en España es para señalar que la situación es desastrosa. Pero sin vivir en el mejor de los mundos posibles, la situación no es tan negativa como se dice.

Los nefastos resultados de PISA (comparación internacional de rendimiento educativo), no son tan nefastos. Lo que es penoso es que en España la mayor parte de los comentaristas de estos datos no sepan diferenciar entre número ordinal y número cardinal. Imaginemos un grupo de cuarenta personas que miden 1,72 cm. como media (y 0,1 cm. de desviación típica, es decir el 95,5% mide entre 1,52 cm. y 1,92 cm.) y encontramos a alguien que mide 1,715 cm. Nos escandalizamos y decimos que esta persona es un pigmeo, porque entre  las 40 del grupo, está en el puesto 20 de ranking de estatura… Esta estupidez es la que se sostiene continuamente con los datos de PISA (la puntuación media está en torno a 500 y la desviación típica de 100, la puntuación de España, según la prueba es de 488, 480 y 461). Además, ese supuesto pigmeo es hijo de padres con estatura menor a la media. Es decir, no se comenta tanto que España es el tercer país de la OCDE, tras Corea del Sur e Irlanda, en el que más ha mejorado el nivel educativo de la generación de los hijos en relación con el nivel educativo de los padres, y que cuando se corrigen los datos por las diferencias educativas y económicas, España mejora sensiblemente. Tampoco se dice que tenemos menos alumnos con nivel bajo de rendimiento en Ciencias, que países como Noruega, Francia, EEUU, Italia o Luxemburgo. Y si se afirma que parte de nuestro problema educativo es debido a nuestro atraso secular, son muchos, especialmente entre la derecha, los que piensan que se está echando la culpa a las familias. Pero obviamente esto no es cierto, pues los resultados educativos de los hijos en España son mejores que los de sus padres, lo que prueba el esfuerzo de las familias; eso sí, no tan buenos como para acabar con siglos de analfabetismo popular fomentado por la desidia del Estado y el elitismo de la Iglesia, que casi monopolizaba la escolarización en España hasta los 70.

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