Jugando al límite

Millán Gómez

La exigua mayoría parlamentaria del PSOE en el Congreso obliga a los socialistas a realizar equilibrios imposibles en cada votación. Por ello, los medios de comunicación ya barajan la posibilidad de que los próximos Presupuestos Generales del Estado (PGE) no puedan ser aprobados vista la coyuntura de soledad política de los socialistas en la Cámara baja. En ese caso, a no ser que los presupuestos sean prorrogados, como así ha ocurrido en otras ocasiones, podríamos vernos abocados a disolver las cámaras y convocar elecciones anticipadas.

En Ferraz, como no puede ser menos, contemplan esta opción. Saben que la crisis les está pasando factura y que posiblemente si los ciudadanos acudiesen hoy a las urnas perderían el poder. De todos modos, algunos datos ya consolidados como es el hecho de que el PP no termina de postularse como una alternativa sólida y el descenso del paro conocido en la mañana del miércoles les permiten albergar una cierta dosis de optimismo. También confían que en un duelo cara a cara entre Zapatero y Rajoy el primero cuenta con mayor recorrido potencial en forma de votos. Su campo de acción es más grande y cuanto más acentúen las diferencias entre ambos mayores posibilidades de victoria tendrán los socialistas.

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Maneras de vivir I. Hacia fuera

Sicilia

Dentro de lo malo, lo positivo de las crisis es que enriquecen los análisis que busquen mejoras para salir de ella. Dentro de lo bueno de analizar, lo malo de las crisis es que la sobreabundancia de diván corre el riesgo de llevar a la conclusión de que lo anómalo no es la situación, sino uno mismo. Momento en el cual se saca el flagelo, el cilicio y las disciplinas y se acaba en una muy poco saludable dosis de autocastigo y anulación.

Uno de los análisis más frecuentes es buscar en los demás aquello que creemos que nos falta a nosotros, sin darnos cuenta a veces que, en el afán por plantear soluciones, se olvidan condiciones muy relevantes, planteando al final modelos inalcanzables, irreplicables o poco sensatos.

En las líneas que siguen se trata sobre uno de los lugares comunes más abundantes que se tocan cuando se habla de la economía española en comparación con otras, su sector exterior. Comúnmente se oye que no somos un país muy bueno porque no exportamos mucho, porque los exportadores son los buenos, que para una cosa que vendemos fuera es turismo, y eso es chicha y nabo, de país cutre, y que encima de ser un país cutre, no somos ni lo bastante cutres para instalar fábricas, habiendo otros que, por cutrérrimos, paradójicamente, acaban siendo al final mejores, porque al menos es atractivo abrir plantas ahí. En resumen, no tenemos un problema, es que somos un enigma irresoluble. No parece una línea de pensamiento muy constructiva.

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¿Cuál es la sorpresa?

Aitor Riveiro

Lo que ocurrió el pasado lunes a 60 millas náuticas de la costa de Gaza es de todo menos sorprendente. Por eso, sorprende que los aliados de Israel se muestren sorprendidos por la actuación de «la única democracia de Oriente Próximo». Únicamente aquellos que hayan permanecido ciegos y sordos los últimos 50 años pueden mostrarse sorprendidos, algo que no creo que cumplan Moratinos, Sarkozy, Merkel, Obama o la ONU. No es la primera vez que Israel vapulea el derecho internacional. No es la primera vez que asesina a extranjeros, dentro y fuera de su territorio. No es la primera vez que ajusticia, sin pasar por un tribunal, a cooperantes europeos.

Precisamente, el último de los barcos de la flotilla asaltada la madrugada del lunes cuando pretendía llevar a la sitiada Gaza ayuda humanitaria tiene por nombre el de Rachel Corrie, una activista pro palestina que murió aplastada por una excavadora del ejército israelí cuando protestaba por la demolición de casas palestinas en la propia franja de Gaza. Dicha nave, que por problemas técnicos quedó rezagada del resto, navega hacia Gaza en el momento de escribir estas líneas. El ejército israelí ya ha avisado de que no permitirá que cumpla su objetivo y, dados los precedentes, nadie duda de que así será.

Así que, ¿a qué viene tanta sorpresa?

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