Barañain
A falta de buenas noticias sobre la crisis y mientras Rajoy sigue administrando su presencia pública con cuentagotas, ya saben -no dando la cara-, el PP gobernante ha decidido que no hay mejor momento que este para desplegar su agenda cívica con un mensaje nítido: intentarán desmontar cuantos avances en materia de derechos civiles y sociales se han conseguido en los últimos años. No se van a dejar arrebatar por sus colegas húgaros u otros advenedizos, así como así, su bien ganado ítulo de derecha más reaccionaria de Europa.
En su desfile de los últimos días, los ministros de Rajoy nos han ido dejando sus tarjetas de visita, no por esperadas menos inquietantes, en lo que por momentos ha parecido una competición interna por ver quién conseguía el titular más goloso para su audiencia más hooligan. Lo que no es fácil con una audiencia tan exigente. Hay casos en los que la tarea de derribo hace aconsejable una embestida directa: Ruiz Gallardón, que arrastra un déficit de cariño entre esas bases, tiene que esforzarse más que sus compañeros y qué mejor estandarte para ello que el del aborto; pero no es que el ministro sobreactúe, lo peor es que posiblemente se crea eso de que acabar con la ley de plazos, que nos homologaba con el mundo civilizado, y devolvernos a la situación de hace treinta años – cuando él era una joven promesa en la Alianza Popular de Fragaa, es lo más progresista que ha hecho en su vida.