El día después

Lobisón

Aunque sea cierto lo de que la alegría dura poco en la casa del pobre, hay que admitir que las primeras horas tras el anuncio del cambio de gobierno han sido muy agradables para los electores de centro-izquierda. No es sólo que la llegada de nuevas señales de vida inteligente desde La Moncloa haya contrarrestado la sensación de orfandad y desorientación que venían sintiendo desde junio. Es que además las reacciones de la derecha y de sus medios afines y ultramontanos han sido bastante divertidas.

Rajoy se ha levantado de su siesta con el pie cambiado. La decisión previa de abandonar el gobierno de Canarias para castigar a Coalición Canaria por apoyo a los Presupuestos ya había sido probablemente un error, que para dar imagen de coherencia a la opinión pública española podía desorientar a los electores canarios. Pero la insistencia en que el cambio de gobierno era inútil y en la necesidad de convocar elecciones generales se contradice con la opinión pública mayoritaria, nada partidaria de adelantar las elecciones, sea por escepticismo o por realismo sobre la inconveniencia de entrar en un período de interinidad e incertidumbre.

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