AntesalaÂ
Esa mañana Pedro se despertó entre la dulzura de un sueño. Se resistió a abandonarlo y trató de volver al interior de la fantasÃa que habÃa vivido como real apenas unos minutos atrás. Pero su intento de revivir la experiencia le pareció demasiado irreal para ser parte del sueño. Ya no era más que un intento de luchar contra la nueva realidad que le traÃa la vigilia.
 Se levantó, tomó un café solo y unas tostadas y salió de casa. El sol ya habÃa ganado altura e iluminaba el azul de un cielo sin nubes. Encendió un cigarrillo y comenzó a caminar hacia la boca de la estación de Court Street que queda junto a la iglesia de la SantÃsima Trinidad de Brooklyn Heights. Recorrió en silencio los pasillos angostos y sucios horadados bajo los cimientos del templo hasta llegar al andén, en el que esperaban otras dos personas. El metro tardó en llegar y mientras tanto intentó volver a ponerle rostro a la protagonista del sueño. No tenÃa nombre, como ninguno de los pasajeros que le acompañaban en el vagón, camino de Manhattan. Trató de concentrarse en unos escritos, pero su imaginación volaba a otros lugares.