¿Confrontar o integrar?

Ignacio Sánchez-Cuenca

¿Qué hacer ante partidos nacionalistas con demandas secesionistas?

Por razones que no vienen al caso, escribí este artículo, tratando de dar respuesta a la anterior pregunta, el jueves de la semana pasada. Al día siguiente Ibarretxe propuso el referéndum. Creo que la propuesta de Ibarretxe es una consecuencia colateral más del fracaso del proceso de paz, al igual que lo ha sido la dimisión de Imaz. Algunos han querido ver un mal menor en la dimisión de Imaz. Pero a tenor de lo que estamos viendo, es bastante claro que la línea más dura está imponiéndose en el nacionalismo vasco. Imaz puede contar con que Ibarretxe fracasará y que su proyecto de consenso terminará imponiéndose por la fuerza de los hechos. Quién sabe: el caso es que ahora nos enfrentamos a un desafío que puede explicarse en parte por la frustración que ha producido el viraje del Gobierno a raíz del atentado de la T4. Para los nacionalistas, se ha pasado de discutir sobre la adaptación del “derecho a decidir” dentro de nuestro marco institucional, y sobre la integración de Batasuna en el sistema, a una política mucho más conservadora, como ha quedado puesto de manifiesto con el episodio de Navarra.

Al margen de sus orígenes causales, ¿cómo afrontar este desafío? Hay dos posturas genéricas que se han ensayado en diferentes momentos de nuestra historia reciente.

Una posibilidad consiste en tratar de hacerles hueco a los nacionalistas en el sistema, darles voz y atender algunas de sus reclamaciones, con la esperanza de que en algún momento se convenzan de que están mejor dentro del sistema, aunque sea oponiéndose a él, que fuera. La otra alternativa pasa por combatirlos con todos los recursos de la democracia y la legalidad, intentando marginarlos, atacando sus ideas, con la esperanza de que sus seguidores abandonen y se reduzca el peligro de una crisis política

Mucha gente desengañada piensa que se han probado las dos soluciones y que ninguna ha tenido éxito. La Constitución y el desarrollo de su título VIII a través de los Estatutos de Autonomía parece responder a la lógica de la integración, al igual que las experiencias de coaliciones amplias formadas por nacionalistas y no nacionalistas ensayadas en algunas CCAA (por ejemplo, en el País Vasco hasta 1998). Sin embargo, esto no impidió que los nacionalistas vascos iniciaran, tras la caída del muro de Berlín en 1989 y la creación de nuevos estados (los bálticos, los balcánicos, etc.), un proceso de radicalización de sus demandas que culminó con el Pacto de Estella.

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