Un comunista romántico: Nazim Hikmet

Frans van den Broek

Hay géneros literarios cuya definición es uno de sus principales obstáculos. La novela política es uno de ellos, me parece,  no tanto por la dificultad de conseguir una explicación adecuada de sus contornos narrativos o temáticos, sino por las asociaciones de todo tipo que evoca, desde conceptuales hasta emotivas. Durante su historia, la novela política ha ido recogiendo demasiadas excrecencias, diríase, y no todas de las que promueven su consumo. En este caso el problema tiene que ver con la historia del sub-género que se dio en llamar realismo socialista.

Como se sabe, el realismo socialista produjo un par de obras maestras y una marea de basura literaria, al menos según el consenso de la mayoría de los críticos. Las razones son varias, pero sobre todo por la presión asfixiante de una ideología que achataba los personajes y las situaciones narrativas hasta el acartonamiento. Si la literatura tiene que evitar algo, es el maniqueísmo y la unidimensionalidad, características en las que el realismo socialista destacaba. Y esto por la sencilla razón de que el ser humano, hasta el más idiota de entre nosotros, es complejo psicológica y socialmente, y mal puede hacer para reflejar esta complejidad una literatura que pretende reducirlo a su posición dentro del sistema social o la lucha de clases. Toda novela, hasta la más realista, es ficción, no cabe duda, pero siempre existe la posibilidad de reflejar mejor o peor aquello que llamamos vida, y las novelas del realismo socialista sólo reflejaron, en general, la vida aplastada de sus escritores.

Sigue leyendo

Sí, pero depende

Aitor Riveiro

El presidente del Congreso, José Bono, tiene un problema. Durante los años de la opulencia, el por entonces presidente de Castilla- La Mancha hizo lo que muchos, demasiados españoles: especular y tirar de contactos para ello. El problema radica, precisamente, en que, igual que ahora, por entonces ejercía un cargo público. Y algunos de sus negocios entroncan directamente con dicho ejercicio.

Los detalles, prolijos, están todos recogidos en un descriptivo reportaje de Público del pasado sábado. La liebre, sin embargo, la levantó el periódico de Intereconomía La Gaceta, aunque su tratamiento informativo deje bastante que desear. El resto de medios han pasado de puntillas por el asunto y solo la importancia política que está adquiriendo hará que deje de ser así.

Y es que el PP ya se ha aferrado al ‘caso Bono’ con todas sus fuerzas, pese a que tras las primeras denuncias diversos dirigentes del partido mostraron su precaución. Sin embargo, la precampaña electoral lanzada en Castilla-La Mancha con la retirada del proyecto de reforma del estatuto de autonomía y la proximidad de la fecha en la que el Tribunal Supremo debe decidir si reabre el ‘caso de los trajes’ que apunta a Valencia han provocado un viraje en la actitud de los de Rajoy. Sigue leyendo

Austeridad, dice el Gobierno

Barañaín

 Nunca he sido muy partidario de esa típica apelación española al “chocolate del loro” con la que tendemos a desdeñar cualquier intento de ahorro o racionalización de costes en las empresas en general y particularmente en el sector público, sobre todo cuando el esfuerzo ahorrador se centra en lo que tenemos más próximo. Nos ponemos estupendos criticando la medida concreta que afecta a nuestro entorno laboral más inmediato mientras  invocamos otras necesidades, supuestamente más imperiosas y  a la vez, eso sí,  más “lejanas” en el tiempo y en el espacio.

 Por poner ejemplos cotidianos: ¿Que en cualquier dependencia pública se quiere limitar el uso a mansalva por todo quisque de las fotocopiadoras para imprimir documentos personales sin relación alguna con el trabajo? ¿Que se sugiere la conveniencia de apagar las luces al salir, por aquello del ahorro energético? ¿Que se pretende reducir la supermillonaria factura de teléfonos móviles en un hospital limitando su uso a quienes  objetivamente tienen necesidad de disponer de los mismos y acotando su consumo? La respuesta defensiva ante  cualquiera de esas humildes iniciativas de ahorro está asegurada de antemano: “¡eso no es más que  el chocolate del loro!” dirán los aludidos derrochones, para, a continuación, advertir apuntando a niveles más altos que “¡mejor sería que se controlaran otras cosas más costosas!”.

Sigue leyendo

Juana

Fernando de Castro

 Desde que hace ya más de un mes, en la gasolinera que hay junto al centro comercial de San Sebastián de los Reyes donde trabaja, mi amigo Pedro me comunicó la muerte de Juana, acaecida el pasado verano, muchas veces me ha vuelto a la memoria aquella vieja y entrañable profesora de mi niñez. Si preguntamos a los amigos del Colegio Estilo, al casi desaparecido Pedrito, a Pocholo  y a Pedro, ambos ya con muchas canas, a Ramón casi completamente calvo, nos encontraremos, seguro, con que si de un profesor guardamos todos un buen recuerdo, unánime, se trata de Juana Álvarez Prida. A nosotros nos empezó a dar clase de Ciencias Naturales en 5° de EGB, en aquella aula larga y estrecha que ocupaba el torreón del chalet bauhaus del número 180 de la madrileña calle de Serrano, justo encima del despacho de Josefina Rodríguez de Aldecoa, la directora, fundadora y propietaria de aquel pequeño colegio, casi familiar. Juana debía contar ya con ochenta años casi, pues iba con el siglo, y aquel curso del que hablo era el de 1977-78. Desbordaba vitalidad y sabiduría, y en vista de que no íbamos tan rápido en nuestra toma de apuntes como ella en sus explicaciones, cuando llenaba la pizarra, al ver que nos quejábamos si empezaba, casi de inmediato, a borrar “¡Ay, Jesús, Jesús, estos niños… !”, Juana continuaba en los márgenes del encerado, unos estrechísimos márgenes de aluminio en los que seguía escribiendo sus conocimientos de animales y de plantas hasta no dejar un centímetro cuadrado sin cubrir. “Para que podáis aprender los órdenes de los Moluscos, que reconozco que son muchos y difíciles, tenéis una regla nemotécnica, niños: la palabra anfiescagastelamecefa, que se forma con las dos primeras sílabas de cada uno, respectivamente Anfípodos, Escafópodos, Gasterópodos, Lamelibranquios y Cefalópodos.” Aún me acuerdo, no he tenido que consultar ningún libro de Zoología, y ese ejemplo me ha valido, muchísimos años más tarde, para seguir arrancando exclamaciones de asombro entre biólogos diversos, la mayoría de los cuales no se acordaban ya de tanto orden de moluscos. Que un médico sepa más de Moluscos que un biólogo escuece mucho: la culpa es de Juana. Sólo Ana Gomis, una compañera que tuve durante mi doctorado en Alicante, que tenía la especialidad de Zoología, y Andrés Barbosa, veterano antártico y compañero de fatigas de mis primeros tiempos en París, me corrigieron que uno de ellos, los Anfípodos, no pertenecen realmente a los Moluscos, sino a los Crustáceos.

Sigue leyendo

En azul una fosa es diferente

Senyor_g

Los que se rasgan las vestiduras ahora con la investigación sobre las fosas de demócratas asesinados por el fascismo español  no lo hicieron a finales de los 90 cuando nuestros gobiernos, también del PP, financiaban inhumaciones de soldados de la División Azul en Rusia.

En los últimos días le han pasado muchas cosas a nuestra memoria histórica, concepto redundante por cierto. Está claro que somos un país en el que hace falta recalcar, tenemos una memoria tan selectiva como la explicación diaria del presente. Los hay molestos por mirar que pasó en nuestra guerra y, sobre todo, en nuestra última y larga posguerra, olvidan que el franquismo mató hasta con Franco muerto. Aunque siempre ganó, ¿quizás algunos deberíamos aprender de la tan loada deportividad de Samaranch? ¿Perdimos y sólo nos queda decir el nacionalcatólico amén?

Rebuscando en mi propia memoria me he acordado de algunas cosas que vi en la tele o leí hace algunos años sobre otros muertos, aparentemente menos polémicos. Me ha dado por rebuscar con la ayuda de Google y no es del todo fácil acabar de encontrar. En los últimos 90’s  nuestros gobiernos iban a remover fosas y pasado de nuestros muertos en el extranjero y no pasaba nada. Y eso que eran muertos de unidades del ejército nazi, aunque de nacionalidad española. Sí, la famosa División Azul era la 250 división de infantería del ejército alemán, en el frente Ruso de la Segunda Guerra Mundial. Y eso no levantó las polvaredas que está ocasionando las búsqueda de la verdad en las tumbas de los  represaliados republicanos, será que es otro lodo y otras tierras.

Sigue leyendo