Balaclava

Lobisón

La carga de la brigada ligera británica de caballería del 25 de octubre de 1854, durante la batalla de Balaclava, mereció un memorable poema de lord Tennyson y puede ser recordada como un notable ejemplo de valor y disciplina militar, pero todo el mundo está de acuerdo en que su objetivo estaba equivocado. Hasta hoy se discute si el origen del desastre fue la imprecisión del capitán Nolan al transmitir las órdenes, lo que nunca pudo aclararse ya que éste murió en la batalla.

Algo de ese mismo sentimiento de admiración y melancolía que provoca el recuerdo de la carga de la brigada ligera surge al escuchar el discurso del presidente durante el debate sobre el estado de la nación. No hay ninguna razón para dudar de su sincera voluntad de hacer lo que sea mejor para los intereses de España y los españoles, pero en cambio hay motivos para recelar del acierto de la estrategia fijada por el Ecofín el pasado 10 de mayo.

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Combate nulo

Millán Gómez

El Debate sobre el Estado de la Nación no ha aportado novedad alguna al escenario político. Rajoy ha pedido elecciones anticipadas y ha seguido zurrando de lo lindo a un Zapatero que se ha defendido con uñas y dientes. El presidente del Gobierno ha reconocido que ha perdido confianza ciudadana pero, en un contexto donde Rajoy tenía las de ganar ante un rival desgastado y aislado parlamentariamente, supo defenderse con dignidad hasta el punto de que sólo los medios más cercanos a Rajoy le dan como perdedor. Como ya predijo Durán i Lleida, “el PP no se puede ir de rositas”.

Tal y como dijo Coalición Canaria, no es el momento de elecciones. La disolución del parlamento sólo produciría un vacío político que no nos podemos permitir con la que está cayendo. Difícilmente podremos salir antes de la crisis si perdemos unos meses preciosos para seguir trabajando y ver más cerca la luz al final del túnel. Lo contrario es tener un sentido de Estado que se reduce exclusivamente a cuando los intereses del país coinciden con los electorales. Como dijo el propio Zapatero el miércoles, los nacionalistas han demostrado mayor sentido de Estado aceptando algunas medidas de ajuste económico que aquellos que tan patriotas se sienten.

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Lo que gana un investigador

Alberto Penadés 

Aunque hoy está sucediendo el debate del estado de la nación me siento incapaz de añadir gran cosa sobre lo que todavía estoy escuchado. Lo que me gustaría compartir hoy para abrir la tertulia tiene que ver con la universidad, pues me encuentro de regreso, por unos cuantos días, en la que solía darme trabajo. El reencuentro ha vuelto a convencerme de mi muy sentida animadversión hacia la “autonomía universitaria”, principio lamentablemente inserto en la Constitución y que mientras allí siga se podrá siempre invocar para hacer impensables reformas muy necesarias. El día que se abra eso que los periodistas gustan llamar “el melón” -me pregunto por qué- yo lo aligeraría muy a gusto de esa pepita. 

Un buen indicador comparativo de la capacidad investigadora, lo dan las ayudas de Consejo Europeo de Investigación. En cuatro convocatorias del CEI (se trata de ayudas individuales, no a las instituciones, y son enormemente selectivas) España ha obtenido el 6,5%,  algo que, si uno mira la situación de la universidad, es un verdadero logro, aunque nos sitúa no sólo a bastante distancia de las potencias científicas europeas, sino por detrás de algunos, por su tamaño, más modestos, como Holanda y Suiza (los datos se publican en la web del CEI (ERC en inglés)). Es indudable que en España hay gente con talento, imaginación y capacidad de trabajo, no son cualidades “nacionales” ni el tenerlas ni el carecer de ello. ¿Se puede ir más lejos que el 6,5%? Posiblemente no mucho, al menos sin grandes reformas.  Sigue leyendo

¿El estado de la nación?

H2S3

Eufórico, obviamente, no hay necesidad de debatir nada, como tampoco sobre la situación económica, peliaguda, o sobre el Estatut, sobre el que el Tribunal Constitucional ya ha dicho su palabra, la última tal y como determina la Constitución.

De lo que sí convendría debatir es de cómo pueden nuestros representantes democráticos arrimar el hombro para mitigar las consecuencias de la crisis y sacarnos de ella lo más rápidamente posible. Pero esto no va a pasar, como todos sabemos.

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Felicidad a tiempo completo

Frans van den Broek

La sociedad contemporánea exige de nosotros, en diversas medidas, que seamos felices. En la lengua inglesa existe una expresión que define con claridad gráfica el tipo de personalidad que han entronizado las modas actuales: ‘bubbly’. Esto es, chispeante, con burbujitas, sonriente, seguro y alegre como la Coca Cola. Quien no posea este tipo de personalidad tendrá un lugar en el entramado social, sin duda, pero no será a la cabeza de ninguna institución, ni en un comercial de televisión, ni como ejemplo de éxito. El mundo pertenece a los chispeantes y quien posea una personalidad más bien retraída, cansina o melancólica tendrá que acomodarse en los intersticios que deja el tupido tejido social de los alegres. Para bien o para mal, tenemos que sonreír.

Cada sociedad tiene sus preferencias, por supuesto, pero me refiero a un promedio generalizado a través de la globalización. Definir lo que es la felicidad no es, claro está, tarea fácil, algo de lo que atestiguan miles de años de debate filosófico al respecto, pero el modelo de felicidad requerido de nosotros en los últimos tiempos no es tan difícil de aprehender. Consiste en la constate consumición de bienes y el aumento generalizado de las fuentes de placer, sin importar si dichos bienes sean necesarios o no, o el placer inocuo o positivo. En un sólo año, el americano medio está expuesto, dicen, a unas 3000 horas o algo así  de propagandas (asumo que son quienes más expuestos están, aunque quizá me equivoque). Los comerciales propalan la visión de un mundo perfecto lleno de belleza y juventud (o al menos, el remedo de las mismas) al alcance de la mano o de la tarjeta de crédito, más bien, y tendría uno que ser de piedra para no ser afectado por dicha visión paradisíaca. En dicha visión nuestra felicidad depende de la correspondencia con el modelo edénico, y nuestra infelicidad, por consiguiente, con su desviación del mismo. Y para conseguir lo que uno quiere, no se debe parar de chispear todo lo que se pueda y de sonreír positivamente, dado que las vibraciones positivas de la posesión atraerán más posesión, y así hasta conseguir el Lamborghini que siempre se quiso o hacer el viaje en crucero que se anheló por tanto tiempo.

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1996 en el espejo

Millán Gómez

Los presidentes del PP y PNV, Mariano Rajoy e Íñigo Urkullu, se reunieron ayer en el despacho del primero en el Congreso de los Diputados. La versión oficial del PP dice que el objetivo de la reunión era tender puentes y cotejar a los jetzales para conocer de primera mano si sería viable acuerdos entre ambos en materia económica. El acto es el primero que mantienen ambos dirigentes y el de mayor importancia entre los dos partidos desde hace doce años, aunque el realmente importante y a la vez simbólico fue el que se produjo a primeros del mes pasado en Bilbao entre Basagoiti y el propio Urkullu.

No debería ser noticia que los líderes del PP y del PNV se reunieran. Pero aquí lo normal es anormal. El PP desde el año 2000 mantiene una actitud de aislamiento hacia los nacionalistas muy difícil de reabrir. Lo curioso de todo es que ambas son formaciones conservadores, incluso podemos decir que muy conservadoras, con un componente democristiano notorio e incluso con un fuertes connotaciones nacionalistas. Por todo ello, resulta incomprensible que no lleguen a acuerdos entre ellos y mucho más difícil de entender es que ni siquiera se sienten a dialogar.

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El fútbol ¡Qué cosa!

Sicilia

Deportes, fútbol u otros similares no es un tema que en este electrónico remanso de paz se suela tratar mucho, pero hoy toca. ¿Por qué? Puede deberse a que un grado tan exacerbado de futbolitis como el que se da cuando se celebra un mundial, solo acontece cada cuatro años y por aquellos entonces Debate Callejero no existía. Puede deberse a que la agenda política está, a estas alturas de año, un poco manoseada de más. Puede deberse a que el calor invita a lo lúdico y no a lo sesudo. Puede deberse a que, sí, el domingo “La Roja” juega la final del mundial. O a todo junto, o a absolutamente ninguna de las anteriores, a saber.

El ambiente que generan los mundiales es especial. Obviando los lugares comunes que hablan de “calles vacías”, de “arremolinamiento” alrededor de los televisores, de “emoción compartida” y de “22 tíos en calzoncillos”, a mi lo que me gusta es leer las secciones deportivas especiales todos los días, o casi todos, si se puede.

 Treinta días de competición y mucha gente analizándolo, dan para generar muchas historias. Hay protagonistas bien definidos, buenos, malos, secundarios, tragedia, comedia, drama, historias moralizantes, chuscas…. y épica, épica a mansalva.

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Los tiempos del PP

Lobisón 

Gabriel Elorriaga le explicó al Financial Times la estrategia del PP para las elecciones de 2008: se trataba de conseguir que la izquierda se desmovilizara, como lo había hecho de forma clamorosa el año 2000, dando al PP la mayoría absoluta. El punto de partida era que según las encuestas los españoles se sitúan mayoritariamente en la izquierda y el centro-izquierda. Por tanto, si todo el mundo votara según criterios ideológicos la izquierda ganaría siempre.

No es evidente que la única forma en que puede ganar la derecha sea desmovilizando a la izquierda. Otra alternativa es que la cuestión clave en unas elecciones no se plantee en términos ideológicos. La manipulación de la política a la que se refería Ryker consiste precisamente en esto: lograr que los ciudadanos se vean abocados a elegir en cuestiones en las que el partido manipulador juega con ventaja.

La razón por la que en 2008 perdió el PP es que, aunque sectores importantes del centro-izquierda se desmovilizaron, e incluso se pasaron al PP, las cuestiones que la derecha había convertido en campo de batalla en años anteriores —el diálogo con ETA, el Estatuto de Cataluña, el matrimonio gay— les jugaron una mala pasada. La crispación en torno a estas cuestiones condujo a una movilización defensiva que se tradujo en voto al PSOE. El caso del voto al PSC fue bastante claro.

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Paradojas absurdas

H2S3

¿Cómo es posible que la rebelión síbica no se ponga a la cabeza de la manifestación ante una sentencia tan manifiestamente benévola como ésta?
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¿Qué pasa? ¿Dónde están los brindis al sol de Esperanza Aguirre y acólitos pidiendo JUSTICIA y cadena perpetua cuando no la pena capital? ¿Hemos de deducir que el PP se rasga las vestiduras sólo cuando conviene demagógicamente y en cambio guarda silencio cuando el perpetrador condenado de crímenes abyectos es uno de la camada? ¿Dónde está la Iglesia católica que tanto se lamenta por la deriva laicista de nuestro país cuando un pervertido abusa de niños conocidos en actos catecumenales organizados por nuestros queridos Kikos?

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