Tié qué haber

Alberto Penadés 

En diciembre han vuelto a salir datos sobre la opinión de los españoles acerca de.el gasto y los ingresos del Estado (encuesta del CIS sobre Opinión Pública y Política Fiscal de 2010). Confirman tendencias anteriores que indican, a mi entender, que los españoles entienden que la fiscalidad está siendo, en tiempos de crisis, especialmente injusta con los peor situados en el mercado. Ya  vine con este tema el año pasado, siento repetir, pero me puede.

 Así como la percepción de los impuestos tiene un sentido de clase social muy claro y se ha agudizado con la crisis, y es un sentido contario al que se esperaría de un gobierno de izquierdas (las clases altas son las que están más satisfechas con el fisco), esa misma percepción parece perder tintes ideológicos. Ahora parece que derecha e izquierda piensan lo mismo, lo que a algunos les lleva a pensar en “convergencia” de opiniones frente a la crisis. Nada de eso es cierto, en mi opinión. Lo que sucede es que la izquierda y la derecha andan confundidas en esto, lo que no es una respuesta extraña de un gobierno de cuya cabeza salió esa frase de que “bajar impuestos es de izquierdas” (habría que encontrar a quien se la escribió, junto a la de “los valores de derechas cotizan en la bolsa, los de izquierda en el corazón”, que sospecho sea la misma persona). Puede que esa confusión venga precisamente del hecho de que una parte importante de la base social de la izquierda está bastante resentida con cómo funciona esto.

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Informe PISA: Vídeoconsolas, claro que sí (pero vídeojuegos no…)

José S. Martínez

Los padres consultan estos días con el banco y con los reyes magos la pertinencia o no de regalar vídeoconsolas a sus hijos. Hay cierto pánico moral con estos inventos del demonio, pues es normal temer lo que se desconoce y es más fácil “elegir” estar a favor o en contra de algo que dedicar tiempo para tomar una posición matizada. Por suerte, los menores cuentan con aliados entre los adolescentes cuarentones, que somos de la primera generación de vídeojugones.

Recientemente, en el blog «Nada es gratis» se ha publicado una entrada sobre este tema por Antonio Cabrales y Florentino Felgueroso (Los regalos, aún los de Reyes, tampoco son gratis: videoconsolas y efecto sobre la lectura en PISA), aprovechando que los datos del reciente informe PISA, dedicado a rendimiento educativo de los jóvenes, tiene en cuenta si en casa tienen una vídeoconsola y si la usan. Permítanme establecer polémica con este blog, en este tema concreto, pues en su razonamiento he visto varios de los errores que comúnmente se cometen en la interpretación de los datos de PISA. Una equivocación es fallar en la interpretación de las puntuaciones de PISA.Estas pruebas contienen dos tipos de errores, uno puramente aleatorio (son muestrales) y otro de medición (las preguntas que emplean para medir el nivel de competencia pueden ser equivocadas). El primer error es fácil de estimar, el segundo no. Por otro lado, está la cuestión de cómo interpretar las diferencias en puntuaciones; teniendo en cuenta que la media es de 500 y la desviación típica es de 100, si convertimos 10 puntos PISA en estatura (suponiendo una estatura media de 170 cm. y que el 95,5% de la población esté entre 150 cm. y 190 cm.), esos 10 puntos serían equivalentes a un centímetro, y ese centímetro es el margen de error aleatorio (es decir, entre 490 y 500 puntos de la diferencia puede ser por puro error estadístico). Lo digo porque estoy cansado de ver grandes propuestas de reformas educativas basadas en diferencias que son errores estadísticos o «milímetros» de estatura. Si los autores tuviesen esto en cuenta, verían que no en todos los países las vídeoconsolas producen efectos sobre la lectura.

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Solipsistas, solitarios, solteros, solos

Sicilia 

Dice la Biblia “no es bueno que el hombre esté solo” -de la mujer no dice nada-, dice Lorca algo de “mi soledad sin descanso”, se dice aquello de “al fin solos”, o lo de “yo me entiendo y bailo solo”, o “mejor solo que mal acompañado” -esta frase deja al menos abierta la opción a acompañarse bien-. Se habla de la soledad como opción, como paraíso de libertades y se habla de la soledad como caldo de cultivo ideal para  rumiaciones, manías, depresiones y cosas peores.

El ser humano es social, nuestras identidades se conforman atendiendo al entorno, necesitamos a los demás aunque sea de vez en cuando, algunas veces los sufrimos -véanse atascos de tráfico, fiestas populares masivas o reuniones de vecinos-, y en muchas ocasiones, afortunadamente, también se disfruta de la compañía o de ver gente. ¿Qué tiene esta cosa con tan conspicuo doble filo? A ello desde la teoría y la praxis han dedicado mucho tiempo psicólogos, psiquiatras, sociólogos, médicos, filósofos, literatos, eremitas, fareros y serenos, por citar algunos ejemplos.

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La identidad europea y sus descuentos

Frans van den Broek 

Como casi todas las navidades de los últimos diez años, pasé las últimas en Finlandia, visitando a mi hija, quien es ciudadana de este país, aunque nació en Holanda (cuya lengua ha olvidado por completo). En este mismo lugar comenté que nuestra lengua de comunicación ha sido hasta ahora el fiñol, la peculiar mezcla de finlandés y español que nos ha servido para, mal que bien, tratar de comunicarnos. Si bien contarle el Quijote estaba lejos de mis posibilidades, pude comprobar que la comunicación es, como suele decirse, en buena medida no verbal, hecho que nunca agradeceré lo suficiente. Pero hecha ya una adolescente, mi hija sí que requeriría que le explicara el Quijote alguna vez, por lo que nuestro fiñol ha llegado a su límite expansivo y debo comunicar en este medio que el fiñol se ha unido a las miles de lenguas en peligro de extinción en nuestro planeta globalizado. Aparte de sus limitaciones, que bien podrían haberse solventado con un poco de esfuerzo, el fiñol se ha mostrado incapaz de competir con la pérfida Albión, esto es, con su lengua, ya que mi hija ha empezado a usar el

inglés cuando encuentra huecos comunicativos, por lo que el fiñol se va convirtiendo rápidamente en finglañol, esto es, fiñol más inglés, en dosis más o menos iguales, aunque cada vez con más presencia de este último idioma. De modo que no es raro el uso de frases como: ¿»haluatko sinä comer Chinese?», o sea, ¿quieres comer chino? A decir verdad, nuestros idiomas se mezclan constantemente, de tal manera que lo que una vez se dijo en finlandés bien puede aparecer la próxima en castellano o en inglés, pero la tendencia es a usar las palabras que se han hecho comunes entre nosotros. Proceso que siempre me ha fascinado, pues es quizá un ejemplo contemporáneo de cómo se hicieron las lenguas antiguamente cuando pueblos distintos se encontraban. Me imagino que la guerra  y la conquista obligaban a muchos pueblos a hacerse con la lengua del vencedor, pero también el comercio o las alianzas de poder podían incitar una mezcla de las lenguas. Como no soy lingüista ni nada que se le parezca, el proceso tiene para mí sobre todo un interés filosófico, en la medida en que me ha estimulado a pensar sobre la naturaleza del lenguaje y de la comunicación. Pero también sobre otros aspectos menos evidentes, como el de la identidad individual o nacional, y también el de la identidad europea, que es a lo que esta larga digresión personal se dirigía.

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Navidad en Belén

Barañain

Esta temporada las autoridades turísticas palestinas preveían la llegada de hasta 100.000 turistas  a la ciudad de Belén en el período que se extiende desde la Navidad católica hasta la armenia, que se celebra el 18 de enero, afluencia récord (si se confirmaba)  que se interpretaba como una señal de apoyo para la menguante población cristiana de la ciudad que vio nacer a Jesús.  Se supone que la población cristiana en Tierra Santa ronda las 190.000 personas, de las que casi ciento cincuenta mil residen en Israel, unas 40.000 en Cisjordania (Judea-Samaria) y las aproximadamente 3.000 restantes en la franja de Gaza. En Belén los cristianos eran el 90% de la población a comienzos del siglo XX y hoy apenas son el 40% de sus 25.000 habitantes.

De esas expectativas daba cuenta un reportaje de la Agencia Efe  que además explicaba  con detalle el desarrollo de las ceremonias que se han llevado a cabo en Belén. Previamente, como quien no quiere la cosa, o como si se tratara de lo más natural del mundo,  señalaba: “Las cruces han sido prohibidas en los souvenires para los turistas y peregrinos en Tierra Santa. Algunos talleres textiles en Jerusalén  y en Hebrón estamparon y vendieron camisetas con la imagen de la Iglesia de la Natividad de Belén sin las cruces. A raíz del aumento del fundamentalismo islámico en los territorios palestinos, la cruz fue quitada también de las camisetas de los equipos de futbol”.

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