Me siento emocionado y, emocionado, me siento: emociones y realidad

Frans van den Broek

Aunque creamos lo contrario –por ingenuidad, por excesivo intelectualismo, por desidia- las emociones gobiernan buena parte de nuestras vidas. El primer problema que encontramos al analizar esta vieja cuestión es en buena medida  categorial. ¿Qué entendemos por emociones, a fin de cuentas? ¿El conjunto de sensaciones que percibimos internamente o que comparecen a nuestra conciencia para inclinarnos a algún estado u otro? Se han ofrecido numerosas definiciones, unas más adecuadas que otras, supongo, siempre inevitablemente vinculadas al marco teórico que pretende hacer uso de ellas, con mayor o menor objetividad. Todo el mundo sabe, sin embargo, qué entendemos por emoción cuando hablamos de ello, al menos en primera instancia. Decir que uno está triste o alegre no necesita de escolástica alguna. Más complicado se muestra el asunto si decimos que uno experimenta la emoción de lo sublime, por ejemplo, o las emociones que vienen aparejadas con la música o la poesía. Hay emociones que son universales; otras cuyo origen y cultivo es más bien cultural o local. Como fuera, desde que el hombre ha reflexionado sobre este tema, se ha constatado que las emociones tienden a colorear la conciencia y a filtrar la percepción de la realidad, en una medida u otra. Platón habló de ello en alegorías y palabras socráticas, Hume aupó las pasiones al asiento principal de la mente, la psicología moderna ha investigado ya con profusión los mecanismos por los que dicha influencia tiene lugar y las ciencias neurológicas no paran de publicar cerebros literalmente coloreados por escáneres, donde se muestra la actividad de cada zona durante momentos específicos.

Sigue leyendo

Melancolía

Lobisón

Durante décadas hemos leído historias del período de entreguerras y de la crisis del 29 que nos daban la ilusión de que aquellos desastres podían haberse evitado fácilmente. El héroe de la época era John Maynard Keynes, y el problema era explicar por qué sólo en un lugar tan improbable como Suecia se había adoptado un programa keynesiano. El New Deal de Roosevelt había sido también inicialmente una respuesta adecuada, pero el giro hacia el ajuste fiscal en 1937 había vuelto a hundir la economía.

Para explicar por qué no hubo más gobiernos keynesianos se ha recurrido a las instituciones de gobierno de la época, que habrían bloqueado la adopción e incluso la discusión de las políticas de expansión. Por ejemplo en Gran Bretaña, donde no se puede decir que tales ideas fueran desconocidas: el partido liberal —ya entonces minoritario—las había llevado en su programa electoral. Pero no se habla normalmente de la necesidad de convencer a los electores o de los efectos laterales sobre la moneda nacional.

Sigue leyendo

Teddy y otros caciques

NEAP

Vaya por delante, especialmente después del giro que ha dado el caso Strauss Kahn, que la presunción de inocencia también ampara a Teddy Bautista e incluso a Jose Luís Rodriguez Neri, director general de la SDAE, controlada al 100% por la SGAE. Dicho lo cual, por mucho que Victor Manuel y Calamaro y varios otros figurones más pongan la mano en el fuego por ellos, parece que los indicios de serias irregularidades son bastante sólidos. Al menos lo suficiente como para que la Audiencia Nacional haya dado luz verde a la espectacular operación de la UCO el pasado viernes.

La columna de Diego Manrique sobre la vida –doble- de Teddy Bautista es ilustrativa (http://www.elpais.com/articulo/cultura/doble/vida/Teddy/Bautista/elpepucul/20110701elpepucul_7/Tes). No es bueno que nadie se eternice en un cargo y este hombre viene gestionando la SGAE desde hace casi dos décadas. Es todavía menos bueno si el que se eterniza es especialista en crear polémicas. Y la cosa tiene delito, literalmente, si se rodea de un grupo de fieles y montan un tinglado como el que está saliendo a la luz, que, en el mejor de los casos, ha servido principalmente para dar de comer a familiares y amigos de los directivos de la SGAE.  Sigue leyendo

La mudanza en pago

Julio Embid

Hoy me mudo de piso. Bueno, llevo mudándome tres semanas, entre cajas de libros y estanterías socialdemócratas de nombre impronunciable, pero hoy será la primera noche que duerma en el nuevo piso. Tras varios años dando tumbos por la periferia de la capital del reino, he logrado que cierta Caja de Ahorros me conceda una hipoteca a tan solo cuarenta años, para poder a cambio del 40% de mi sueldo, decir que presuntamente tengo un piso en propiedad. Proceso natural, Ley de Vida, el pájaro que se hace su nido propio.

Sigue leyendo

Noticia

Millán Gómez

«…eta piensa que la acumulación de fuerzas es posible manteniendo la lucha armada y nosotros no… las fuerzas sociales y políticas dicen que no a la lucha armada… si eta da por terminada su tregua, nosotros nos suicidamos, la gente se sentiría absolutamente frustrada…» Aunque parezca mentira, sí, el autor es de estas declaraciones es el portavoz de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi. ¿Hubiésemos firmado hace décadas, años, meses, semanas y días esto? Con total seguridad. ¿Por qué no nos alegramos de ello? Porque vivimos en una sociedad enferma. Otra explicación no la hay.

Sigue leyendo

Crónicas sin firma.

Barañain

Entre los periodistas que componen la redacción de El País una determinada inquietud laboral ha provocado que muchos de ellos  hayan decidido acogerse colectivamente a la prerrogativa que les concede su estatuto de redacción de no firmar los artículos de los que son autores. Tratan de presionar así a la empresa de cara la negociación del convenio colectivo que está prorrogado desde el mes de enero.

Sigue leyendo