La hora de la verdad

Aitor Riveiro

Los periodistas, siempre ávidos de titulares y frases simples e impactantes que presentar a sus seguidores, han calificado la semana pasada como la ‘semana negra de Zapatero’. No es que los plumillas anden desencaminados; realmente, la entrada del otoño no ha sido especialmente halagüeña para el presidente del Gobierno pero, o tienen una corta memoria o piensan que son sus ‘clientes’ quienes la tienen. Para ser más precisos, deberíamos hablar del ‘semestre negro de Zapatero’ pues desde aquellos fatídicos días de mayo que llevaron a la economía española y al país entero al borde del precipicio, el jefe del Ejecutivo no levanta cabeza.

La famosa semana negra del presidente se circunscribe a dos hechos concretos: la huelga general del 29S y las elecciones primarias en el PSM. Ambas solo tienen en común las fechas, poco más.
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Disquisiciones madrileñas

Sicilia 

Se celebraron las primarias y los militantes del partido socialista de Madrid  han decidido que Tomás Gómez sea el candidato en las elecciones autonómicas del próximo mayo. 

La opción de las primarias fue la que la dirección del PSOE tomó al rechazar Gómez su relevo en la candidatura de Madrid, a tenor de las bajas perspectivas electorales que otorgaban los sondeos. La candidata promocionada por la dirección del partido para la comunidad, la bien valorada ministra Trinidad Jiménez, aún con el apoyo del aparato federal, del Presidente del Gobierno y de destacadas figuras del partido, no ha sido elegida candidata. Estos son los hechos desnudos. Más interesante es la interpretación de las consecuencias que este hecho puede tener.

 En clave autonómica cabe preguntarse si lo que la militancia del partido ha expresado coincide con lo que más le hubiera dado éxito entre la base electoral del PSOE. Es una cuestión difícil de dirimir con seguridad en este momento, aunque sin duda se aclarará el día de las elecciones autonómicas. Sigue leyendo

Predator

Teoura 

Los ingenieros que diseñan aviones de combate tienen una secreta inclinación por la poesía: crean metáforas.

Luciendo impecables batas blancas con la tarjeta de su nombre en la solapa, trajinan entre laboratorios y talleres albergados en edificios ecológicos, de no más de tres alturas, que se distribuyen en espacios generosos separados por grandes praderas de césped y viales por los que transitan coches eléctricos: ningún motor ruidoso perturbará la serenidad que los poetas precisan para su labor.

En esos remansos de ciencia y de paz, situados casi siempre junto a los campus universitarios, han nacido durante las últimas décadas algunas de las creaciones más admirables de la humanidad: los hornets, skyhawks, nighthawks, fighting falcons, mirage, eagles, typhonns o rafales.

Uno comprende la emoción que deben de sentir los ingenieros cuando, tras largos años de sacrificios, vean al fin sus esfuerzos coronados por el éxito del vuelo inaugural del prototipo. Alguna lagrimilla se les escapará cuando eche a volar su metáfora, la máquina a la que habrán dado un nombre que evoca la libertad del aire o la fuerza de la naturaleza, el instrumento al que habrán dedicado sus desvelos para lograr, porque de eso se trata, una mayor eficiencia en el homicidio.

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Después del 29-S

Millán Gómez

El pasado miércoles, como todos ustedes saben, se celebró una huelga general en nuestro país. Como ya es costumbre, las valoraciones antagónicas y el baile de cifras sobre el seguimiento han sido el denominador común. Los organizadores se mostraron encantados de la vida y hablaron de un seguimiento similar a la peregrinación a La Meca, millón arriba, millón abajo; y el Gobierno, en su papel de “víctima” de la huelga, calificó la convocatoria como “desigual” y de “efecto moderado”. Es de agradecer que el Ejecutivo no se ensañase con los convocantes y alabase el buen comportamiento general de los sindicatos. Aunque también hay que decir que en sus valoraciones hay una clara intencionalidad política parar arrimar el ascua a su sardina y buscar puntos de encuentro en la deteriorada relación con los sindicatos tras la aprobación de la polémica reforma laboral.

Más allá de los bailes de cifras, preocupa la facilidad con la que la ciudadanía ha reconocido que tenía “miedo” a ser coaccionada por los piquetes. En un país democrático, situaciones de este estilo no deberían producirse. Vivimos en un Estado de Derecho desde hace más de treinta años. Los sindicatos tienen razones de sobra para protestar ante el Gobierno pero carecen de motivo alguno para tomarla contra quienes voluntariamente deciden no secundar la huelga. El comportamiento de quienes amenazan a los despectivamente llamados “esquiroles” es propio del fascismo. Hay que decirlo alto y claro. Y denunciarlo. Se han producido situaciones como la utilización de silicona en la cerradura de una tienda donde colgaba el cartel de “cerrado por huelga general”, lo cual demuestra empíricamente la capacidad intelectual de algunos. Situaciones de este tipo son inadmisibles. Aunque suene a perogrullada, que lo es, ante una convocatoria de huelga, los trabajadores tienen derecho a secundarla o mantener sus quehaceres laborales cotidianos. Así de simple. Mal que le pese a quienes defienden la democracia cuando les interesa políticamente.

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