Vargas Llosa y los personajes históricos

Ricardo Parellada

En algunas de sus novelas, Mario Vargas Llosa, nuestro flamante premio Nobel, gusta de recrear y novelar la vida de personajes históricos. Yo disfruto y aprendo mucho con estas y con muchas otras de las mil historias y los mil análisis que ofrece el escritor. Pero he vivido con ambigüedad y cierto despiste algunos aspectos de estas recreaciones, y es lo que me gustaría comentar.

Leí con gran interés y pasión La fiesta del chivo y me interesó tanto el despliegue literario como la información sobre acontecimientos y personajes que no conocía. En mi ingenuidad, en plena novela no dudaba un momento de que todo lo narrado por el autor, con nombres de personas y lugares reales, tenía que ser cierto. Cómo imaginar que unas cosas habían sucedido y otras no. Pero al reflexionar un poco sobre ello, empecé a pensar que el relato de los movimientos y las palabras de los personajes históricos podía ser cierto, pero el de los personajes inventados no podía serlo tanto. Y era difícil que hubieran surcado realmente el aire las palabras de los personajes históricos dirigidas a los personajes de ficción. Entonces reparé en la riqueza, el detalle y la maestría de los monólogos interiores de todos los personajes.

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Silbidos mediáticos

Millán Gómez

No entiendo el revuelo montado ante los ya habituales silbidos y gritos contrarios al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cada 12 de octubre cuando se celebra el tradicional desfile militar. A esta “fiesta” puede ir quien quiera y si se juntan varios talibanes con un fin más o menos premeditado pues pasa algo similar a lo del pasado martes. Nadie parece darse cuenta de que los que silban, aún siendo una minoría absoluta, se convierten en mayoría pues hacen ruido. Obviamente quienes guardan un respetuoso silencio no son protagonistas. Cuanta más cobertura se le ofrezca a estos sujetos más ganas tendrán de repetir su papel anual como boicoteadores de una supuesta fiesta con dudoso fundamento.

A buen seguro, si la actitud de estos individuos no apareciese en los medios de comunicación cada mes de octubre cesarían en su actividad, y digo actividad pues ya hay que tener poca vida social, familiar y laboral como para consumir un día de asueto en una jornada de crispación y boicot. Mal que les pese, Zapatero, tras este 12 de octubre, no está ni más lejos ni más cerca de perder La Moncloa. Está exactamente a la misma distancia que antes. Llama poderosamente la atención la facilidad con que estos personajes se convierten en protagonistas de la actualidad informativa e incluso héroes para alguna cadena de talante tibiamente democrático que exige en plena emisión en directo a su propio equipo de realización, desconociendo que estaban con el micrófono abierto, que emitan los abucheos. Hay que reconocer que han tenido su día de gloria. Cada uno tiene sus aficiones, como se puede comprobar, pero ¡qué triste son las de algunos!

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La Red Social

Julio Embid 

Soy un adicto al Facebook. Yo y tantos otros. Cada mañana al levantarme antes de ir a currar lo miro, por la tarde también y por la noche antes de acostarme lo mismo. Y hoy se estrena La Red Social de David Fincher, la película de cómo se gestó esta web exitosa en 2003, justo cuando yo andaba en la Universidad Complutense, por unos universitarios de Harvard de mi edad algo más listos que yo.

 Se cree que el fundador de Facebook Mark Zuckerberg tiene más de 4.000 millones de dólares gracias a los 500 millones que cada día escribimos nuestras sandeces, subimos fotos, cotilleamos a nuestros amigos, sembramos en nuestra granja virtual o felicitamos los cumpleaños de compañeros de la primaria que hace siglos que no vemos.

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La juventud no existe

Pepemart

He de reconocer que títulos como el de este artículo nos pirran a los sociólogos, pues no hay mejor forma de hacerse el listo. Lo que queremos decir con este tipo de provocaciones ingenuas es que bajo una etiqueta que se maneja con profusión para hacer análisis sociales, se esconde una realidad muy heterogénea. Es decir, no existe la juventud, existen los jóvenes, y las diferencias entre jóvenes son tan grandes que es poco útil pensar en ellos como un único colectivo. Por supuesto que biológica y socialmente hay un período de transición de la adolescencia a la edad adulta, pero este hecho oscurece más que aclara nuestra comprensión de la sociedad. Eso se debe a que dentro de un mismo grupo de edad existen grandes diferencias sociales. Por ejemplo, los sucesivos artículos publicados en El País en la serie “(pre)parados” tienden a cometer el error de ver a los jóvenes como un colectivo homogéneo, oscureciendo así las desigualdades de origen social y de género. 

Por ejemplo, la tasa de paro de los jóvenes (16 a 24 años en las comparaciones internacionales sobre mercado de trabajo) es el doble que la tasa de paro del conjunto de la población. Ese dato ha sido así durante mucho tiempo, no sólo en la actual crisis, y en distintos países. Probablemente se debe a que podemos interpretar el mercado de trabajo como un «lugar» donde la gente hace «cola» para ocupar un puesto de trabajo, y los jóvenes son los últimos en llegar a la cola. Pero no todas las colas son iguales… Si tenemos en cuenta el tiempo que los jóvenes llevan en cola, es decir, el tiempo desde que terminan sus estudios, se aprecia que la tasa de paro de los universitarios es sensiblemente menor que la tasa de paro de quienes tienen menos estudios. Dos personas de 25 años tendrán la misma edad, pero si uno de ellos acaba de finalizar un máster, llevará sólo unos meses en el mercado de trabajo, mientras que si es titulado en FP puede llevar varios años trabajando. Por tanto, cuando hablamos de paro juvenil estamos ocultando que con la misma edad, el tiempo en el mercado de trabajo es mayor para unos que para otros, así como que las tasas de paro son muy distintas.  Sigue leyendo

Bicicleta, Cuchara, Manzana

Melinda

 Si no han visto el documental que lleva ese título y que está exhibiéndose estos días en las salas de Madrid, acudan a verlo. Es una obra impresionante sobre el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer en una persona carismática y de todos conocida: el político catalán, Pascual Maragall.

 El director del documental, Carles Bosch, autor hasta la fecha de varios documentales más –Balseros, entre otros-, había conocido a Maragall en 1992, en pleno esplendor de ese político como alcalde de Barcelona, a propósito de un reportaje sobre el asedio a Sarajevo que había realizado Carles Bosch y que el político había visto en televisión.  Lo invitó a comer y de aquel encuentro surgieron, al parecer, colaboraciones humanitarias a Bosnia,  además de un respeto mutuo personal que, más tarde, cuando Maragall se encuentra, en 2007, con un diagnóstico irreversible de esa enfermedad incurable hasta la fecha, y decide enfrentarse a ella con toda la valentía de que a veces es capaz un ser humano, también tiene como  fruto  el documental que nos ocupa.

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Vargas Llosa y lo marginal

Frans van den Broek 

Resulta inevitable, como peruano, comentar la reciente concesión del Nobel a Mario Vargas Llosa. Inevitable no tanto por su carácter noticioso, cuanto por el hecho de que ser peruano lo hace a uno proclive, a la vez, al derrotismo y a algo parecido a lo que Hume dio en llamar “entusiasmo”, referido a la religión. Recuérdese que Hume era agnóstico y se entenderá un poco más el tenor de lo que quiero decir. Ambos sentimientos son, sin embargo, fáciles de explicar. El Perú de los últimos siglos ha tenido poco que mostrar al mundo de lo que pudiéramos sentirnos orgullosos. Una larga historia de colonización, racismo, divisiones sociales, guerras civiles, dictaduras, terrorismos y simple estupidez humana nos han hecho escépticos en lo que se refiere a las bondades de la patria. Aparte de sonadas excepciones, no hemos regalado al mundo muchos logros científicos o humanísticos, ni ha ganado una selección peruana el Mundial de fútbol, ni aparece Perú a menudo en las listas de medallas olímpicas. Es cierto, allí estuvieron los Incas, con su organización sobrehumana, y la selección peruana de Voleyball, segunda del mundial alguna vez y Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de las Naciones Unidas, pero son excepciones, como dije. Por ello, cuando ocurre algo como lo de este jueves último, la concesión de un premio internacional de gran prestigio como el Nobel a un peruano, el derrotismo se transmuta en éxtasis religioso y el complejo de inferioridad en orgullo casi satánico.

Así son los sentimientos tribales, dirá alguien con afinidad antropológica, y no andará demasiado lejos de la verdad, me imagino. De hecho, una de las personas más conocidas del Perú, conductor de un famoso programa de televisión, “El Francotirador”, y escritor de novelas también, Jaime Bayly, se apresuró a puntualizar que este premio no le correspondía a los peruanos, sino que era un logro individual de un gran escritor, algo muy al estilo de su talante irreverente e iconoclasta y algo, cabe señalar, muy peruano también, como su apellido inglés (o irlandés, vaya uno a saber). En general, por supuesto, el Perú entero se entregó al entusiasmo humiano y pudo sentirse orgulloso de algo más sustancial que el Pisco o los goles del delantero Pizarro en su equipo alemán. Reacción justificada, creo, por algo más también que la circunstancia fortuita de que Vargas Llosa haya nacido en este lado de las artificiales fronteras poscoloniales y no en Chile o Bolivia (país este último en el que pasó unos años de su infancia, por cierto). Y esto debido a que su obra le debe al Perú mucho más que el pasaporte, aunque quizá el verbo “deber” sea en este contexto un poco excesivo.

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De nuevo, el debate sobre el copago en Sanidad

Barañain

No habrá Pacto de Estado por la  Sanidad.  Tras más de un año y medio de trabajo, comparecencias y negociaciones en el seno de la comisión de sanidad del Congreso, presidida por Gaspar Llamazares, los grupos parlamentarios no han conseguido ponerse de acuerdo en torno a un documento de consenso. Se intentaba conseguir un acuerdo, a la manera del pacto de Toledo sobre las pensiones, para garantizar  la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS). No ha sido posible: el PP y CiU han votado en contra de las conclusiones y el PNV se ha abstenido.

Uno de los principales escollos para el consenso ha sido la cuestión del copago, o “ticket moderador”, que la mayoría de la comisión parlamentaria ha descartado introducir en nuestro sistema. Es este un asunto que retorna cíclicamente a la agenda política, aunque como ocurre con casi todo lo relacionado con la sanidad, es una controversia que no traspasa los límites del propio sector sanitario -gestores y expertos-,  y ni siquiera llega a provocar un debate político más allá del que se genera en comisiones específicas, como esta que ha finalizado una vez más sin resultados. Como el debate  no llega a extenderse hacia el conjunto de la ciudadanía, y entre “entendidos” queda el juego, cada vez que se reabre la  discusión siempre lo hace cargada de segundas intenciones, se imponen los apriorismos de cada cual y no  acabar de concretarse un acuerdo válido y consistente para  aplicar en nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS).

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Lecturas

Millán Gómez

Y ganó Tomás Gómez. El rebelde. El insurrecto. El que fue capaz de plantarle cara al aparato federal socialista y al presidente del Gobierno. Casi nada. Finalmente, por un estrechísimo margen de poco más de medio millar de votos, Tomás Gómez se impuso a Trinidad Jiménez, lo que supone una sorpresa importante. También nos encontramos ante, quizás, el primer revés duro a Zapatero dentro de las filas socialistas desde que hace diez años un joven diputado se aupara al frente de la secretaría general del PSOE. No tiene por qué producirse a corto plazo algún cambio abrupto pero sí hay materia para reflexionar.

Trinidad Jiménez es una política modélica en muchos aspectos. Nunca suelta improperios ni ofrece titulares hirientes contra sus contrincantes. La ciudadanía la respeta mayoritariamente y está bastante bien valorada incluso en círculos políticos distantes. Los medios de comunicación, salvo excepciones, la aprecian. En la cercanía gana por su educación, su dulzura y su sonrisa perenne. Es fácil trabajar con ella. En definitiva, una mujer a la que es difícil llevarle la contraria porque ofrece empatía y saber estar.

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A destiempo

Lobisón

Desde su fundación en 1948, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de Naciones Unidas, ha sido no sólo una fuente fundamental de información sobre la marcha de las economías y sociedades de la región sino también un importante semillero de ideas. La muerte de su primer director ejecutivo, Raúl Prebisch, se produjo en 1986, en plena crisis de la deuda, y en el contexto del nuevo ‘consenso de Washington’ muchos se apresuraron a enterrar también las ideas cepalinas.

Quizá hemos alcanzado ya el momento en que sea posible hacer un balance más equilibrado de lo que supuso la fase de crecimiento hacia adentro de América Latina que se cerró con la crisis de los años ochenta. Pero ya existe una evidencia: ni siquiera en los momentos actuales, tras el crecimiento en volumen y valor de las exportaciones latinoamericanas, se han recuperado las tasas de crecimiento de la posguerra. Y un consenso creciente: sin un Estado mejor y más fuerte no será posible superar los obstáculos estructurales al crecimiento de la región.

Entre esos obstáculos quizá el principal sea la desigualdad. Al mismo tiempo, una combinación de crecimiento económico —inducido por la demanda china de materias primas—, de gestión prudente de la economía —consecuencia de las lecciones de los ochenta y del impacto de las crisis mexicana y asiática en los noventa— y de políticas sociales ha permitido reducir significativamente la pobreza y marginalmente la desigualdad en la región.

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REFIJU S.A.

El crítico constructivo

El criterio que les agrupa es, fundamentalmente, generacional. Los REsentidos, FIgurones y JUbilatas del PSOE se han unido, olvidado sus mil e intensas diferencias pasadas, contra el jovencito soso e inexperto que en su momento les agradeció los servicios prestados y se atrevió a prescindir de su inestimable experiencia para gobernar el futuro. Además de latosos los “Refijus” constituyen una legión de cobardes, incapaces de expresar su crítica cuando el viento soplaba de popa; sólo ahora, cuando detectan fragilidad y se sienten al abrigo de posibles “represalias”, se atreven a salir a la palestra.

Pero ni siquiera son capaces de hacerlo abiertamente, al menos hasta la fecha. La determinación de Tomás Gómez para forzar unas elecciones en Madrid, les ofreció la oportunidad perfecta para, al abrigo de la democracia interna, posicionarse abiertamente en contra del Secretario General, al que siempre han despreciado y cuya victoria en 2004 y su reválida de 2008 les provocó sendos rictus amargos al no entender cómo su concurso no era imprescindible, algo de lo que estaban y siguen estando convencidos.

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