Sarkozy, ese hombre

Marta Marcos 

Resulta francamente complicado haber vivido en este viejo continente europeo en los últimos tiempos sin haber oído mencionar ese nombre: Nicolas Sarkozy, el político de moda. Pocos desconocen su cara: poseído de un frenético don de la ubicuidad, nos lo encontramos en todas partes, venga o no a cuento. En apariencia poca cosa, más bien feo, con una sonrisa un pelín desagradable, despliega una energía que deja sin argumentos a la alicaída oposición socialista y que parece hipnotizar a propios y extraños: es complicado encontrar en los medios de comunicación una crítica en condiciones al actual presidente francés. Ganó las elecciones francesas hace poco más de 100 días, y pareciera que llevase de Presidente toda la vida. ¿Chirac? Y ese señor, ¿quién es? ¿Royal? ¿Royal? ¡Ah, sí! Se presentaba a presidenta también, ¿no es así? Si en su momento Sarkozy consiguió que se le considerase como un recién llegado a la política, logro meritorio, si tenemos en cuenta su paso por varios ministerios, entre ellos el de Interior, ahora ha logrado que parezca casi el único político que existe en Francia.

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Este verano de periódicos flacos

Millán Gómez 

Agosto no es precisamente un mes donde abunden los hechos noticiosos ni novedades de gran repercusión mediática. Suele ser, más bien, un mes de “periódicos flacos». A excepción hecha de tragedias como la que asoló Galicia el pasado verano con la crisis de los incendios o este mismo en Canarias y Castelló, el interés político reside en dónde veranean nuestros políticos y la ansiedad reinante que tienen todos ellos por darse codazos unos a los otros con el fin de dejar frases célebres con las que pasar a la posteridad como quien deja sus huellas en el Hall of Fame de Hollywood. El indiscutible electoralismo que cubre la gran mayoría del espectro de nuestra clase política llega a límites exagerados y no por ello insospechados. Veamos. Los políticos seleccionan su lugar de veraneo, en algunos casos, con fines claramente políticos y partidistas. De este modo, el líder del PP, Mariano Rajoy, aprovecha su estancia en Sanxenxo para hacer campaña a favor de antiguo alcalde de esta localidad costera gallega y actual líder de la oposición en el Concello de Pontevedra, Telmo Martín. Eso sí, el ínclito Mariano no nos explicó por qué varios empleados del Concello de O Grove aparecieron en las listas del PP de Euskadi en las pasadas elecciones municipales sin el consentimiento de los propios interesados. Noticia, dicho sea de paso, de la que no nos hubiéramos enterado si no fuera por la ardua y detallada cobertura de La Voz de Galicia.  Sigue leyendo

Navarra después del verano

Ignacio Sánchez-Cuenca

Durante el verano se resolvió por fin el drama interminable de la formación de gobierno en Navarra. La ejecutiva del PSOE decidió, en contra de la opinión del PSN, dejar gobernar a una de las fuerzas políticas más reaccionarias de España, UPN. El proceso fue tortuoso, con un tira y afloja entre el PSN y el PSOE por un lado y entre el PSN y Nafarroa Bai por otro, con el ruido de fondo formado por el PP y el periodismo cavernario. No creo que nadie pueda defender que el procedimiento seguido haya sido el más adecuado. Si desde el principio estaba claro que no se iba a negociar con Nafarroa Bai, no se entiende por qué se dejó llegar tan lejos al PSN. El PSOE no ha dejado de recibir ataques por el mero hecho de considerar la posibilidad de una coalición con los nacionalistas vascos en Navarra. Parte del desgaste político se ha producido, al final de forma innecesaria. No quiero discutir aquí las razones del comportamiento errático del PSOE en toda esta historia. Más bien, lo que me gustaría analizar es si, a la vista de los acontecimientos, había buenas razones para dejar gobernar a UPN.

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Liderazgos en cuestión

Jelloun

El reinicio de la actividad política está siendo protagonizado, en buena medida, por  los problemas de liderazgo a los que se enfrenta el PP.

El asunto, como es sabido, lo agudizó en medio del verano  –por lo demás “tranquilo�, informativamente hablando-,  la  salida a la palestra de Ruiz-Gallardón postulándose para acompañar a Mariano Rajoy en la lista al Congreso, con las previsibles  reacciones en cascada de cierre de filas y la aportación (supongo que imprevista) del dinosaurio fundador adoctrinando sobre “sucesiones� y “recambios ordenados� (¡él, precisamente él!).

La polémica protagonizada por Ruiz-Gallardón sólo ha sorprendido a medias, pues si algo ha caracterizado la relación atípica que mantiene con su partido ha sido esa permanente exhibición de ambición política compatible con el cultivo de una imagen de disidente -sin excesos-,  inasequible al desaliento ante  los reproches que recibe desde  la estructura interna de la organización (¡y de los hooligans mediáticos de guardia!). El alcalde de Madrid viene sometiendo al PP a una especie de “ducha escocesaâ€?  intercalando salidas arrogantes con muestras  de sumisión casi serviles. Así, tras el aldabonazo y la polémica tocaba declaración de inocencia respecto a sus intenciones, seguida de autocrítica interna ante la ejecutiva del partido y  demostración pública de humildad.  Acto seguido, en una entrevista radiofónica, concluía su enésima muestra de lealtad al líder Rajoy con una frase de Luis Cernuda – «Creo en mi porque algún día seré todas las cosas que amo»-, de interpretación obvia en este contexto. ¿Es posible que todo sea puro cálculo o realmente -de modo inconsciente-,  la arrogancia puede al personaje? Francamente me parece improbable que se salga con la suya pero es evidente que el alcalde parece convencido de que nada puede impedir que llegue a lo más alto.

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Gobierno de España

Javier Gómez de Agüero

Gobierno de España. Esta es la forma con la que el Gobierno ha decidido mostrar la Administración General del Estado en todo el territorio. No es esta una medida del todo novedosa. El Gobierno de Aznar, que fue quien comenzó la unificación de la imagen institucional de la Administración del Estado (fue cuando se pasó al recuadro con fondo amarillo y el escudo de España), tenía previsto que apareciera, como ahora lo hace ‘Gobierno de España’, las palabras ‘Administración General del Estado’. Finalmente el proyecto no se puso en marcha íntegramente aunque sí para las Delegaciones y Subdelegaciones del Gobierno.

La medida pretendía y pretende mostrar una imagen única de la Administración central tal y como ya lo hacen las administraciones autonómicas en sus respectivos territorios.

Creo que esta es una decisión que va más allá de los cálculos políticos que algunos han relacionado con una recuperación de la españolidad en el discurso del PSOE. Ya desde el inicio de la legislatura hemos podido escuchar al Presidente del Gobierno utilizar con normalidad – algo que no debería sorprendernos – la palabra España más que expresiones como Estado español, país, etc. Mucho más que en legislaturas anteriores.

De esta medida me interesa más que lo que tiene de imagen, de marketing, lo que puede ofrecer a la pedagogía política.

El Estado de las Autonomías se proyectó bajo el llamado principio dispositivo, que traducido al lenguaje común es algo así como “que sea lo que Dios quiera��?. Con los mismos mimbres constitucionales podíamos haber tenido un Estado más descentralizado o menos de lo que es ahora, y con una relación entre administraciones diferente.

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Rosa Díez acongoja… ¡A la derecha!

Aitor Riveiro

Rosa Díez ha decidido abandonar el Partido Socialista Obrero Español para embarcarse en una nueva aventura política de la mano de ¡Basta Ya! y de Fernando Savater. Pese a lo que en su día me advirtió un profesor (y a pesar de ello amigo), haré el titular fácil: era la crónica de un abandono anunciado.

No ha debido ser nada fácil para una mujer que lleva tres décadas dedicada a la política activa en un partido abandonar su militancia. Más aún cuando ha ocupado importantes cargos políticos de la mano de ese partido: consejería y vicepresidencia de un gobierno vasco en coalición con el PNV; postulación para la secretaría general del PSOE; escaño en el Parlamento Europeo. Es de alabar que Rosa Díez haya renunciado a la poltrona de Estrasburgo (cuántos prefieren el coche oficial a los ideales).

Aquél “Yo no estuve en Suresnes� con el que invitó a los militantes de su partido a elegirla para dirigir el PSOE no es mi primer recuerdo de ella, pero sí quizá el primero realmente vivido. En aquél momento, me pareció digno de elogio: yo tampoco estuve (ni falta) en Suresnes y, en realidad, todo lo que olía a Suresnes me chirriaba. Nací en democracia y los que lideraron aquélla renovación del partido fueron los que lideraron algunas de las páginas más negras de la España que sí conocí.

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De cómo Umbral fue abducido por Pedrojota

Verlitas

Y, sin embargo, aquella mañana volví a encontrármelo en la barra del Oliveri­:

 -Coño, ¿no te ibas con los de Bocaccio?
-Eso pensaba ayer…, pero no voy.
-¿Se ha suspendido el crucero?

Sacó el pañuelo para desempañar las gafas y tenía mojados los ojos.

-Pincho…, Pincho está enfermo.
-Bueno, ya sabes lo que son las enfermedades de los niños, muy aparatosas, pero después se quedan en nada -procuré tranquilizarlo.
-Pincho está muy grave… Leucemia…

Luego de los cristales se secó dos lágrimas. O más. Cuando un hombre inmensamente alto llora, todos, incluso los inmensamente bajos, lloramos o callamos. Me callé. Me quedé sin habla, no sabía qué decirle. Mojé el croissant en el café con leche y removiéndole, susurré sin mirar a Paco por no verle el llanto:

-La medicina avanza mucho, continuamente se producen descubrimientos.
-Ésa es mi única esperanza, que el niño aguante hasta que…

Mi padre estaba suscrito al ABC, más que nada por leer a César González Ruano. Y yo. Pero un díaa César, tosiente y medio tísico, se marchó fulminado por un infarto de nicotina que se había trabajado afanosamente a lo largo de una vida intensa de tabaco. Ruano falleció y al poco mi padre descubría en La Región unos artículos distribuidos por la agencia Colpisa y firmados por un tal Francisco Umbral. Y enseguida supimos, mi padre y yo, del articulista desbordante de mala leche y palabras nuevas, también de palabras viejas pero resucitadas, revividas, una vez rescatadas por aquel alquimista de palabras que se ocultaba tras el nombre de Francisco Umbral y que con las palabras hacía música. Era la música de un sordo genial que jugaba con la sintaxis como si cada línea fuera un pentagrama. Después de todo, también Beethoven era sordo y, sin embargo, genial. El caso es que aquel piernas de Piñeira de Arcos llega a Madrid y no tarda en verse desayunando todas las mañanas en Oliveri, que era una heladería luminosa de ventanales y procaz de pubescentes en minifalda, sita en La Castellana, entonces Generalísimo, a la altura de Doctor Fléming, calle de putas. A veces la climatología era generosa y entonces desayunábamos en la terraza:

-Vamos a la terraza, que se ven piernas.
-Y bragas.

Y nos emborrachábamos de piernas. Y de bragas. Si nos petaba hasta pedíamos un helado de dos gustos, de braga y pierna. Con Umbral era imposible no hablar de mujeres. Y uno se dejaba llevar, los de pueblo siempre hemos sido muy sacrificados y no me hacía nada remilgoso. En un desayuno de piernas me dijo tras mojar una braga en el café con leche:

-Mañana no vengo, me largo por unos días a un crucero que organiza Bocaccio. Sigue leyendo