Ejemplo perfecto

Mimo Titos

El Plan de incentivos al alquiler anunciado el martes al alimón por el Presidente del Gobierno y la flamante Ministra de Vivienda ha cosechado un sinfín de críticas, más negativas que positivas. Unos pocos han visto en el Plan un esfuerzo social, progresista, por poner parte del superávit presupuestario a mitigar el problema de la vivienda. Pero los más se han revuelto ferozmente en contra, sea por su electoralismo subyacente dada la cercanía de las elecciones, sea por “clonar” una medida ya en vigor que, dicho sea de paso, ha tenido escaso impacto, es decir, por dilapidar recursos presupuestarios escasos cuando la economía global anuncia tiempos más difíciles en el futuro. A algunos, entre los que me cuento, el Plan nos ha parecido muy bien, pero lamentamos que el intento de mitigar el segundo problema en importancia de nuestra sociedad haya llegado tan tarde en la Legislatura. Y lamentamos también que la puesta de largo del Plan se haya visto ensombrecida por la torpeza de no hacer referencia al subsidio ya existente al alquiler para jóvenes de renta limitada.

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Derecha e izquierda

Ricardo Parellada 

La pregunta es si la diferencia entre la derecha y la izquierda es sobre medios o sobre fines. Propongo ver por separado distintas áreas: política económica, política social, religión y familia. Fines son, según parece, el bienestar, la justicia, la igualdad y la libertad. Y medios los impuestos, las leyes, los políticos e internet.

1. Política económica. Tomemos como ejemplo los impuestos. Para enfatizar su entusiasmo por alguna medida, el presidente Zapatero suele decir que es “de izquierdas”. Así lo hizo con los impuestos: bajarlos es de izquierdas. En julio Miguel Sebastián ofreció en este foro algunas razones para bajar los impuestos. ¿Había en sus artículos algo de izquierdas? ¿Algo de derechas? Yo sólo encontré sabiduría económica y aprendí mucho. Desde luego, el gráfico sobre el índice de malestar económico (suma de paro e inflación) muestra la indiferencia de este índice hacia el hecho de que gobierne la izquierda o la derecha.

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Mirando por el retrovisor

Ignacio Urquizu 

En los últimos meses, la vida interna de los partidos ha centrado la atención de los medios de comunicación. Tras los comicios de mayo, el Partido Socialista llegó a la conclusión de que su organización en Madrid era un lastre para ganar elecciones. Pocas semanas después, las luchas por estar bien situado en la sucesión del PP saltaron a las portadas de todos los periódicos. Unas «incendiarias»? declaraciones de Alberto Ruiz-Gallardón fueron el detonante. Recientemente, la bicefalia del Partido Nacionalista Vasco ha concluido con la dimisión de Josu Jon Imaz. En resumen, los políticos no sólo andan con la vista puesta en las futuras elecciones, sino que de vez en cuando miran por el retrovisor, no sea que sus compañeros de partido decidan montar una conspiración. La pregunta que surge a continuación es: ¿existe algún modelo organizativo libre de problemas? Aunque parezca sorprendente, la ciencia política no tiene respuestas concluyentes, pese a que en los últimos 60 años se han escrito más de 11.500 trabajos que estudian los partidos políticos. Al margen de debates académicos, encontrar soluciones mágicas es bastante difícil: todo modelo organizativo tiene sus costes y beneficios.

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Banderita, tú eres roja; banderita, tú eres gualda

Aitor Riveiro

En los últimos años del felipismo, los líderes de la ‘España libre’ (Álvarez Cascos, Pedro J. y Ansón, ahí es nada) decidieron en una serie de reuniones que había que terminar con 14 años de gobiernos socialistas a toda costa. Los motivos esgrimidos por los tres mosqueteros no resultaban baladíes: GAL, corrupción galopante, pelotazos mil, crisis económica y una sociedad civil hastiada y cansada. Los métodos utilizados por los conspiradores fueron, como poco, de dudosa ética, siendo benévolos; el fin, quizá justificado. Allá cada uno con su conciencia. Tres lustros después de aquel episodio, la historia se repite. Pero, como dice el imaginario popular, segundas partes nunca fueron buenas. El nivel de cutrez y barriobajerismo de los ataques que está recibiendo desde que fuera investido el Gobierno de Zapatero no tienen parangón. Ya desde el día siguiente de las elecciones que llevaron al poder al PSOE la maquinaria mediática de la derecha se puso en marcha con un solo objetivo: apear del poder a los socialistas.

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La disyuntiva jetzale

Millán Gómez

La decisión de Imaz de abandonar la política activa y echarse a un lado para no interferir en la lucha interna por la presidencia del PNV supone un duro revés para la política antiterrorista y la derrota de las tesis más moderadas del nacionalismo vasco conservador. La renuncia de Josu Jon Imaz  simboliza la victoria de los coroneles de la viaje guardia jetzale más próximos a las teorías soberanistas. El sector más fundamentalista encarnado en los Arzalluz, Egibar e Ibarretxe ha impuesto sus planteamientos y con su actitud han apartado paulatinamente de la presidencia del PNV a un dirigente pragmático, transversal, buen orador y sensato donde los haya. El PNV ha perdido, sin ningún género de dudas, a su mejor activo político. La patria de Imaz era Euskadi pero, por encima de todo, el paisaje humano que la conforma y en esto se diferenciaba sustancialmente del vigente nacionalismo vasco. Porque las personas deben estar por encima de los territorios por mucho que defendamos el bienestar y la cultura de nuestros respectivos países. No sólo pierde el PNV sino que de esta renuncia salen perjudicadas la sociedad vasca y la española en su conjunto.

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Lo que importa es lo que haga «Madrid»

Mimo Titos

Conviene recordar algunas cosas mientras se va calmando el tsunami político provocado por el sorpresivo anuncio de que Imaz no se va a presentar a la reelección como Presidente del PNV. Josu Jon, hoy ensalzado como líder de la faz más pragmática del nacionalismo vasco, político amable y moderno, hombre de principios, bien preparado y de inmaculada trayectoria política, fue hace no tanto tiempo activo portavoz del Gobierno vasco que gestó, propuso y defendió el Plan Ibarretxe. Asimismo, Imaz defendió a capa y espada a su partido y a todos sus dirigentes cuando fueron objeto de repetidos ataques políticos, judiciales y morales durante la Legislatura anterior por ser cómplices activos o pasivos de ETA. Así que ni santo ni demonio. De la misma manera que el recoger nueces hasta la saciedad no impidió a Arzalluz investir a Aznar Presidente del Gobierno, el antaño admirado Atutxa mostró tanto coraje frente a ETA como firmeza frente a los jueces a la hora de negarse a disolver el grupo parlamentario de Batasuna, y el hoy añorado Ardanza dio nombre a un Plan unánimemente repudiado entonces por soberanista.

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Imaz: ¿a veces para ganar hay que irse?

Jelloun

Con el anuncio de su retirada de la competición por la presidencia del PNV –cargo a cuya reelección, en principio, aspiraba-, y el abandono de la política profesional, Josu Jon Imaz ha venido a confirmar lo que comentábamos aquí mismo, días atrás, sobre la crisis de liderazgo que caracteriza en este momento a la práctica totalidad de las formaciones políticas españolas. Los merecidos elogios a su trayectoria en la dirección del PNV y al papel moderador jugado a lo largo de la legislatura  -  especialmente con su prudencia y apoyo al proceso de paz y a la gestión del gobierno de Zapatero-, han dado paso a interpretaciones sobre el significado de su abandono, tanto por lo que pueda tener de presagio negativo –o, al menos, inquietante-, sobre el rumbo futuro que vaya a adoptar el PNV como por lo que supone de pérdida de un aliado fiable para el presidente Zapatero. En el caso del PNV, la crisis que atraviesa en estos prolegómenos del proceso interno que ha de culminar en diciembre con la renovación de su cúpula directiva, el Euskadi Buru Batzar (EBB), no es sino la agudización de un conflicto que llevan arrastrando varios años entre las dos “almas» que siempre han convivido en ese partido, la “pactista» y la “soberanista», por utilizar las expresiones ya consagradas.

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España y sus amantes

Pablo Beramendi 

A España  le crecen los amantes.  La plataforma Unidad, Progreso y Democracia (UPD) surge para recuperar la esencia de una izquierda  que era y ya no es, de un socialismo responsable ante el pactismo sin freno con grupos obsesionados con desmantelar España. El PSOE ha perdido el “sentido de Estado»? y la Constitución esta en peligro. La canción es bien conocida. Aburre. Lo (relativamente) novedoso son los intérpretes, voces “de progreso»?. Y lo sorprendente es que la operación se justifique por la necesidad de limitar el potencial de chantaje de los nacionalistas sobre el gobierno del Estado. La motivación resulta sorprendente porque en el escenario político actual, la UPD puede acabar potenciando el problema que, según dicen, justifica su aparición  en escena. Cabe suponer  que la UPD aspira a cortejar a tres tipos de votantes: socialistas desencantados, abstencionistas con “perspectiva de país»? (España, claro) y, por último, liberales moderados.  Estos serían votantes acomodados que están tan asustados por el pactismo centrífugo de Zapatero como por la retórica de reconquista de Acebes, Losantos y compañía. Así, en la medida en que estos votantes pertenezcan a los viveros tradicionales del PSOE o del PP y el voto nacionalista se mantenga estable, parece claro que el posible éxito de UPD reduciría la posibilidad de que alguno de los dos grandes partidos obtenga mayoría suficiente.   

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El amo de El Mundo

Permafrost

Hace tiempo que, en mi personal e imaginario museo de los horrores, el Sr. Pedro J. Ramírez ocupa un señero pedestal de priápica robustez, acorde con el exuberante e impertinente onanismo ególatra del sujeto. Hoy es tan buen día como cualquier otro para dedicarle unas primeras líneas a este aprendiz de Rasputín, al hilo de algunas manifestaciones de obsoleta actualidad [Permítanme el oxímoron postvacacional, es sencillo: la cosa viene de lejos, sus coletazos son recientes y reflejan características de perenne presencia]. Uno de los rasgos del Sr. Ramírez que suscita mi desconfianza es su aparente ubicuidad. En sus mejores semanas, escribe su carta-homilía dominical en el rotativo que regenta, comparte micrófono con el santísimo representante de la verdad revelada, sienta veloz cátedra en 59 segundos y no se pierde ningún sarao mediático-político donde regalar a los asistentes el don de su incontinente dominio de la todología. Para mí, es una cuestión de principio, como aquello de “la mujer del césar…��? o como las normas que establecen incompatibilidades entre cargos públicos o supuestos de recusabilidad de los jueces: no se trata tanto constatar una irregularidad fáctica como de prevenir, por una prudente estimación de probabilidad, peligros situacionales. Soy de los que piensan que la hiperactividad candelera de quienes se suponen gestores de información es un deporte de riesgo, poco compatible con una aproximación veraz a la noticia y más proclive al chalaneo de los muñidores: demasiados compromisos, demasiados intereses, demasiadas implicaciones, demasiadas opiniones que se necesita confirmar.

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Camino de los idus de marzo

Aitor Riveiro

Zapatero dio el pistoletazo de salida al curso político anunciando una importante subida de las pensiones más bajas. El modo en que el presidente transmitió su iniciativa no deja lugar a dudas: la legislatura está concluida y hay que empezar a pensar en las elecciones generales que se celebrarán en marzo del año que viene. Craso error por parte del PSOE. Error porque a esta legislatura todavía le quedan unos meses de vida y algo de tela que cortar. Quedan pendientes leyes importantes que llevan coleando desde 2004: la de Memoria Histórica, sin ir más lejos. Sin embargo, toda nueva iniciativa que tomen el Ejecutivo y el Legislativo serán rápidamente tildadas de electoralistas. Da igual que dichas leyes estuvieran recogidas en el programa con el que el PSOE accedió al poder hacer ahora tres años y medio: la percepción general será que se utiliza el dinero público para que el Gobierno haga campaña.

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