Corrupción absoluta

Padre de familia

 

A primeros de los noventa fuimos muchos los que, abochornados después de haber sido víctimas de la ingenuidad, nos vimos forzados a abandonar para siempre aquel bonito lema de los “cien años de honradez” con el que distinguíamos al partido que apoyábamos políticamente o del que formábamos parte. Los escándalos gestados al albur del “felipismo” fueron demasiados y demasiado graves como para que pudiéramos refugiarnos en lo de la excepción que confirma la regla. Al contrario, la regla parecía haber sido no sólo la condonación de los excesos personales sino incluso, al menos en algunos casos, la incitación a la financiación ilegal del partido socialista.

 

Muchos fueron procesados y algunos fueron a la cárcel y, desde luego, el PSOE fue “desalojado” del poder que venía detentando ininterrumpidamente durante 13 años que, por otro lado, sirvieron para modernizar España desde los pies a la cabeza en prácticamente todos los ámbitos.

 

No serán pocos los que, tras leer estos dos primeros párrafos, aduzcan que fueron muchos más los casos denunciados que los probados, que Juan Guerra salió finalmente absuelto de casi todas las imputaciones que se le hicieron, como aquel dirigente de Castilla-León o aquel Ministro dimitido a cuenta de supuestas comisiones con el primer AVE. Sin duda debieron ser varios los justos que pagaron por pecadores, y algunos pagaron muy caro como el malencarado Mariano Rubio que, a fin de cuentas, no había robado nada, si mal no recuerdo. Pero otros muchos no pagaron, por supuesto, y para demostrarlo ahí sigue Txiqui Benegas, el permanente secretario de organización que salió limpio de polvo y paja de todo el escándalo Filesa.

 

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Entre dos épocas

Lobisón 

Desde que llegó a la presidencia Barack Obama sucede algo extraño al leer la prensa o ver la televisión: los anuncios o decisiones de la Casa Blanca no provocan ya automáticamente un estremecimiento, sino que resultan razonables y normalmente merecen apoyo. La pregunta surge casi de forma espontánea: ¿cómo hemos sobrevivido a estos ocho años en los que el sentido común, la racionalidad y la decencia parecían ausentes de Washington?

 

Es evidente, sin embargo, que no todo ha cambiado con la nueva administración. No ceja la oposición de los republicanos a los proyectos para sanear y relanzar la economía, con el argumento de que suponen un mayor papel del Estado —del Gobierno federal— y una deuda que deberá pagarse en el futuro. Dada la gravedad de la crisis resulta algo chocante, como un enfermo terminal que se niega a pasar al quirófano si no le garantizan que podrá volver a jugar al tenis.

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Día Internacional de la Mujer

Marta

 

El Día Internacional de la Mujer era, originariamente, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La idea de su celebración nació a finales del siglo XIX, en pleno auge del movimiento obrero, y con ella se quiere conmemorar la lucha de las mujeres por su participación en la sociedad en condiciones de igualdad con los varones. Esta lucha no se limita, desde hace mucho, al mundo laboral, aunque lo que pase en él es fundamental para la igualdad de la mujer en otros muchos ámbitos.

 

La vida de las mujeres ha cambiado notablemente en la mayor parte del mundo durante el siglo XX, y con ella, la de las sociedades en su conjunto. Su incorporación al mercado laboral ha sido la punta de lanza de una de las principales revoluciones del siglo XX, de un fenómeno sin el cual no podríamos entender el mundo en el que vivimos. La familia, la sociedad, las costumbres, la forma de vivir… todo ha dado un vuelco.

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Después de la tempestad

Millán Gómez

 

El Partido Popular de Galicia (PPdeG) ha recuperado el poder tras obtener una victoria irreprochable en las elecciones con mayor participación de la historia de la autonomía. Además, lo ha hecho si cabe con más mérito tras tirar por tierra algunos tópicos que asolaban la realidad sociológica gallega como son la orientación progresista de los ambientes urbanos y que una mayor participación beneficia, por costumbre, a la izquierda. Tan solo cuatro años después de perder el poder, el PPdeG demuestra su fuerte implantación social al derrotar contra pronóstico a las fuerzas del bipartito cuando la izquierda gallega y gran parte de la sociedad consideraban que tras derribar el muro de granito del fraguismo comenzaba una larga época de gobierno progresista.

 

El PPdeG ha asentado su victoria en las ciudades y sus áreas metropolitanas. El bipartito lleva gobernando muchos años las urbes gallegas. De hecho, ahora mismo están al frente de los siete principales núcleos de población. El lógico desgaste de los años de poder ha facilitado la alternativa conservadora, así como los efectos devastadores de la crisis que afectan más especialmente en estas zonas. Asimismo, la participación, al contrario de lo que piensan muchos analistas, no ha hecho sino limitar la derrota de la izquierda.

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Algunos bailes de escaños

Alberto Penadés

 

Se dice que las urnas han hablado, antropomorfizando un poco a esas cajas (por cierto que designamos así a los buzones transparentes porque urnas eran hace poco más de cien años: opacas vasijas con asas). Lo que todavía es a veces más inquietante, se dice que los electores han pronunciado un “claro” mensaje (de cambio, de continuidad… eso lo dice normalmente el que se siente ganador). Sólo les distraeré un minuto para mirar algunas claves interesantes del mensaje.

 

De cuál habría sido la caída del voto violento si hubiera tenido lista legal a la que dirigirse no sabemos mucho, así que mejor no hacerse ilusiones; y lo demás cambia poco, precisamente, en la clave de lectura que ahora se resalta. En el País Vasco la suma del voto “constitucionalista” es casi la misma que hace cuatro años (ha pasado del 27,2 al 27% del electorado), aunque con una distribución interna mucho más favorable al PSE que antes. El voto “nacionalista no violento” (incluyendo las cenizas de EB) ha caído del 31,2 al 30% de los electores vascos, lo que tampoco es mucho (de nuevo, con mucha mejor distribución para el PNV). El voto “nacionalista violento” ha caído algo más notablemente: del 8,4 al 5,5% de los censados, contando, aproximadamente, al 96% de los nulos como batasunos (una estimación basada en las elecciones pasadas). Unos y otros parecen haberse ido a la abstención.

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Sin miedo, sin ningún miedo

Padre de familia

 

Punto uno. Ibarretxe encabezó la lista más votada y cuenta con el mayor número de escaños pero no tiene los apoyos necesarios para volver a ser Lehendakari ahora que los cómplices de los violentos no están en la cámara vasca (si no hubiera sido por estos últimos habría dejado de ser Lehendakari hace mucho tiempo).

 

Secondo. En las diputaciones forales de Álava y Guipuzcoa no gobierna el partido más votado sino el PNV, tercero y segundo respectivamente. Como tampoco gobierna el partido más votado en Cataluña y como tampoco gobernaba en Galicia hasta que la mediocridad, la mala gestión y las amistades peligrosas de Quintana, el izquierdista radical empero amiguete de constructores con yate, han devuelto a la Xunta a la mayoría absoluta del PP. En suma, no pasa nada cuando no gobierna el más votado o el que cuenta con más escaños. Nada de nada.

 

Tres. Es saludable que de tanto en tanto, desde luego de década en década, cambie quien gobierna. Argumento irrefutable e incuestionable, aplicable también a Andalucía o a Extremadura.

 

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El día más feliz de Mariano Rajoy

Aitor Riveiro

El absoluto ganador de la jornada electoral que vivimos el pasado domingo en España es Mariano Rajoy y, por extensión, el PP. Más concretamente, la parte del PP que aspira a gobernar, no a mandar.

Lo de Galicia no admite discusión, pese a que el PP ha ganado por demérito de los demás, tal y como revelan los resultados. El partido liderado por Feijoo apenas ha sumado un par de miles de votos con relación a 2005, lo que indica que su base social es la misma. Han sido los votantes progresistas y nacionalistas los que han decidido quedarse en casa y amargar tanto a PSOE como a BNG una fiesta para la que habían vendido todas las entradas con demasiada antelación.

[Nota: los votos perdidos que el otro día no encontraba uno de nuestros comentaristas predilectos están en el extranjero. Ya llegarán y los porcentajes de participación se igualarán]

Cuando el Partido Popular perdió la mayoría absoluta en 2005 se abrió una opción de cambio en Galicia. El resultado de entonces invitaba al optimismo pero, a la vez, invitaba a los protagonistas del nuevo Gobierno a la mesura y al perfil bajo. En vez de dedicarse al buen gobierno, a depurar el clientelismo que se había instalado en la sociedad gallega, a propiciar que una sociedad puramente rural diera un salto cualitativo hacia el siglo XXI, se dedicaron al amiguismo, el derroche y la imposición.

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La tentación del abismo

Lope Agirre

El PNV tiene un problema, que no se le ha pasado por la cabeza, ni le ha inquietado durante los últimos treinta años. Puede perder el poder. Y eso, siendo en cualquier partido grave, en el caso del PNV es terrible, definitivo y mortal. Acostumbrado como está a manejar los hilos del país, que son amplios, intrincados y rentables, se ve ante la tesitura de dejar todo ello en manos de otros, a los que durante la campaña electoral ha llamado advenedizos, foráneos y poco menos que ladrones. Y no lo soporta.

 

Durante estos treinta años ha hecho y deshecho el país a su imagen y semejanza, ha socializado sus símbolos privados trasladándolos a la comunidad, y, sobre todo, ha convertido la administración pública en algo cerrado, propio, en un cortijo, donde ir colocando los hijos díscolos de los jerifaltes y no tan jerifaltes, hasta tal punto que entes como EITB, son la prolongación natural del batzoki. Han convertido algo que era común y de todos en un ente particular y obediente al mandamás de turno.

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No sabían que era imposible y lo han conseguido

Barañain

 

La campaña electoral vasca ha discurrido con tanta tranquilidad y serenidad, que a cualquier que hubiera estado de paso por aquí en estas últimas semanas le habría costado imaginar que estaba asistiendo a un histórico cambio político. Sólo si hubiera escuchado a todo un congresista hablar de la imposibilidad de que los cerdos volasen o si hubiera contemplado como en un pequeño pueblo un joven airado se liaba a mazazos con la barra de un bar antes de exiliarse,  habría llegado a la conclusión de que en este País Vasco estaba ocurriendo algo importante.

 

Nada animó más el comienzo de la campaña electoral que la alusión del diputado Josu Ercoreca -portavoz del PNV en el Congreso- al imposible cerdo volador, fenómeno que creía él más fácil de contemplar que el de un gobierno socialista en Ajuria Enea. Era su forma de decir que la alternancia en Euskadi es imposible. En realidad, la campaña propiamente dicha ha tratado de eso precisamente, de creerse o no que el cambio era posible.

Las encuestas hacía tiempo ya que reflejaban el deseo de cambio, aunque también la incredulidad al respecto. Como escribían ayer mismo en El País: “La dicotomía entre el deseo mayoritario de un cambio y la ponderación de Juan José Ibarretxe como el candidato más valorado y favorito para ganar, según todas las encuestas, esconde, posiblemente, la duda racional sobre cuál será la suerte final en este 1-M. A su vez, la costumbre de ver al País Vasco gobernado por el nacionalismo desde 1980 lleva a un sector de la sociedad al “vértigo” de pensar que «mañana se puede levantar socialista«.

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