En el bosque ruso

Frans van den Broek

De manera fortuita llegaron a mis manos algunas novelas cuya característica común es tener como tema a Rusia, pero estar escritas por escritores de habla inglesa. Hace poco un escritor que pertenece a este grupo, A.D. Snow, reflexionaba sobre este fenómeno y su conclusión era simple: la historia de Rusia es tan dramática y ha llevado a los seres humanos a tales límites existenciales que cualquier escritor no puede sino sentirse hipnotizado por la misma. Como diría Andre Gide alguna vez: es con los buenos sentimientos que se hace la mala literatura, y si algo no faltó el siglo pasado en Rusia fueron sentimientos de un tipo que desafía incluso la categorización de maldad, casi a par con las grandes catástrofes naturales, con los terremotos o las erupciones volcánicas, con las pestes o los tsunamis. Todo escritor plantea de algún modo un dilema ético, pero ha de hacerlo evitando el maniqueísmo y las polaridades fáciles, lo que requiere una voz adecuada y la pertinente pericia técnica. Al confrontar la historia rusa, sin embargo, el escritor –o cualquiera de nosotros, para tal caso- corre el peligro contrario, de siendo demasiado fiel a la verdad objetiva incurrir en lo fantasioso o lo increíble, pues la realidad supera con creces lo que la imaginación de cualquier ser humano decente pueda concebir. Quizá por ello han recurrido muchos escritores rusos a las memorias, pues aunque lo narrado sea inconcebible, tiene al menos el merito de la concordancia. Y los dilemas éticos que se encuentran vendrían a formar más parte de la historia natural que de la civilización. Dicho en pocas palabras: Rusia es una mina de oro para los escritores, pues casi nada en su historia reciente es maniqueo, débil, insustancial o irrelevante. Lo cual no exime al escritor de la obligación compositiva o estructural, pero casi lo releva de la dilucidación moral.

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Desprestigiando la profesión

Millán Gómez

El “todo vale” se ha instaurado silenciosa e inalienablemente en los medios de comunicación de nuestro país. No hay filtro. No hay el más mínimo rigor ético. Lo hemos podido comprobar con el mediático caso de la niña onubense Mari Luz, asesinada hace tres años presuntamente a manos de un hombre que había eludido la cárcel a pesar de tener una condena por pederastia. Ya saben, estas cosas que pasan con la Justicia de este nuestro país. Hay muchos más ejemplos que conocemos todos.

La emisión de una entrevista a la esposa del presunto asesino ha sido la gota que ha colmado el vaso. En ella, esta señora reconoce que al autor del crimen es su marido. Por supuesto, el canal emisor de esta “entrevista” (sic) era Telecinco. No creo que sea sorpresa para ninguno. Esta mujer tiene un 47 % de coeficiente intelectual y en el juicio había negado que su marido hubiese asesinado a la niña de cinco años. Según han informado diversos medios de comunicación, Telecinco utilizó todo tipo de malas prácticas para conseguir que esta mujer reconociera lo que posteriormente confirmó en directo. Llegado a un punto, incluso la mujer pidió que dejasen de grabar y la redactora, sin contemplaciones, exigió a su cámara que continuase grabando. Es decir, el todo vale llegado a su máxima expresión. Sin miramientos. Un nuevo juicio paralelo en abierto.

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Abandono escolar temprano

José S. Martínez

Para medir la evolución de la escolarización, la Unión Europea propuso hace ya varios años el siguiente indicador: la tasa de abandono escolar temprano en la población de 18 a 24 años. Este indicador es el porcentaje de jóvenes que no cursan estudios tras el nivel obligatorio. Por ejemplo, un joven que finalice con aprovechamiento la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y no siga estudiando es considerado en situación de abandono escolar temprano, al igual que un joven que deja el sistema educativo sin haber obtenido el título. Cuando llevamos hacia atrás en el tiempo este indicador,  considera que una persona sin más estudios que el Graduado Escolar que se obtenía al finalizar la EGB estaría en situación de abandono escolar temprano. Señalo este hecho debido a la confusión que ha habido en los medios de comunicación recientemente, cuando la Comisión Europea publicó el último informe sobre esta cuestión, a principios de febrero. Los medios y muchos comentaristas confundieron este indicador con otro de más raigambre en nuestro sistema: la tasa de fracaso escolar.

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Jovelardero, hecho diferencial comarcal

Julio Embid 

Hoy es Jovelardero, una de mis fiestas favoritas cuando era pequeño. En la comarca de la Comunidad de Calatayud es fiesta y se celebra el comienzo del carnaval y luego la cuaresma y el fin del invierno y el fin de comer carne para los católicos apostólicos romanos y todo eso. Un totum revolutum que en Valencia incluye fallas, en Cádiz chirigotas y en Canarias mujeres esplendidas con trajes esplendidos y que generalmente coincide en las mismas fechas.

 El nombre de Jovelardero viene de jueves y lardarius que viene del latín y significa embutidos o derivados de cerdo y que era el día donde los chicos se marchaban a las orillas de los ríos (ahora todavía baja algo de agua, el mes que viene y en mayo ya no creo) con tortillas, pan, chorizo y longaniza (en algunos sitios llamada chorizo blanco). Esta tradición que no incluía ni misas ni obispos se realiza desde la Reconquista y en algunos sitios, por fortuna, se reconoce como fiesta local o como en este caso comarcal.

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Gadafi y los demás. ¿Sic semper tyrannis?

Alberto Penadés

El artículo de hoy es un álbum visual que a mí me hace pensar, con perdón de lo sentencioso, que el dinero casi siempre doblega a la política, y ambos a la inteligencia.

La duda que siembran algunas de estas fotos es la de si en política el mal –el mal directo e intencionado- es inevitable; si el mal, no encontrándose casi nunca en estado puro, es sencillamente tolerable; si pudiendo, en fin, los malvados hacer el bien, el mal tal vez no sea identificable…

No tengo una respuesta que dar aquí. No obstante, me parece que durante estas semanas estamos contemplando cómo el progreso moral podría estar dando uno de sus raros pasos.

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