Vuelta a las andadas

Mimo Titos

Afortunadamente parece que la vida de Gabriel Ginés no corre peligro pese a lo aparatoso del incendio del coche que conducía tras estallar la bomba que ETA había colocado. Evidentemente sería una excelente noticia que este «currela» de la seguridad, cuyo trabajo consiste en tratar de evitar que otros sean asesinados, pueda sanar rápidamente y con las menores secuelas posibles, tanto físicas como psicológicas. Pero el atentado es una pésima noticia, no menos pésima por anticipada. ETA segó dos vidas en la T4, pero tanto por las características del atentado como por sus comunicados posteriores, esas muertes no fueron tanto buscadas como provocadas por la irresponsabilidad de los terroristas, que trasladan a las fuerzas de seguridad el deber de proteger a la ciudadanía de una explosión monumental con un mero telefonazo minutos antes del momento proyectado para la explosión.

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Ni quito ni pongo rey

Permafrost

Hoy pretendía escribir la segunda parte de un artículo anterior, pero mis planes se han visto truncados por la lectura de uno de esos comentarios que, pese a mi acendrada experiencia como pocero de hemerotecas y deshollinador de archivos sonoros, aún me hacen hervir la sangre. Debo, asimismo, añadir dos peticiones de disculpas. La primera, porque me arriesgo a suscitar su hastío al abordar, siquiera de forma tangencial, el candente asunto de la monarquía. La segunda, porque éste será, con diferencia, mi artículo más insufriblemente largo hasta la fecha. Mi única defensa, en cuanto al primer punto, consiste en que no entro en valoraciones sobre la institución o su tratamiento, sino que me limito a señalar ciertas incoherencias periodísticas, en la línea de mis monotemas particulares. La explicación en cuanto al segundo punto es bien sencilla: incluyo, como anexo, un texto escrito por mí hace ya más de un año y que procede recoger ahora. Contra la sobredosis de Permafrost, basta con abandonar la lectura en cualquier momento.

Hace tiempo leí la triste historia de un soldado japonés que, tras la derrota de su país en la Segunda Guerra Mundial, abatido y desmoralizado, escribió una feroz invectiva, cargada de rencor y acrimonia, contra un emperador que, después de haber alentado y bendecido la desastrosa aventura bélica de Japón, era presentado ahora, por esas extrañas exigencias de la Realpolitik, poco menos que como un príncipe de la paz. Esta sensación de incrédula indignación ante la hipocresía descarnada es la que, en contextos menos dramáticos, suelen inspirar las declamaciones de los vulgarmente denominados «bomberos-pirómanos»: aquellos que alardean de la bonhomía con la que supuestamente apaciguan conflictos que ellos mismos soliviantan. Salvando las distancias, por supuesto, estas reflexiones me asaltaron violentamente la semana pasada, al leer una de las últimas excrecencias de Ignacio Villa en Libertad Digital. Que este sujeto sea director de informativos de la segunda cadena de radio generalista del país es la mejor muestra de que, en verdad, otro mundo es posible. Sólo desde una óptica de realidad alternativa o, directamente, extraterrestre, cabe expeler ciertas ventosidades literales sin sufrir un desguace facial inmediato. Sigue leyendo

Si ellos son España yo me exilio

Verlitas

A Nacho Uriarte le duele esta España rota por el Anticristo, esta rojigualda enseña ultrajada por los separatistas en connivencia con el Anticristo, esta monarquía chamuscada por los cómplices del Anticristo, ánimo, camaradas, no todo está perdido aún, os lo digo yo, Nacho Uriarte, aquí estamos para lo que haga falta y el próximo doce volverán a las calles la banderas victoriosas al paso triste de esta paz incierta que nos trajo el Anticristo. Nacho Uriarte es el presidente de Nuevas Generaciones del PP. El Anticristo es Zapatero. Y el doce es el día de la Raza. Lo mismo que Millán Astray, manco y tuerto pero generalazo, creó el grito ¡A mí la Legión! y lo expandió por collados magrebíes para acojone de rifeños harapientos, lo mismito el legionario Nacho Uriarte al grito de ¡A mí la Bandera! el doce del mes en curso capitaneará sus huestes por los caminos de la dolida España para propalar a los cuatro vientos el hermoso eslogan de ¡Somos España! Legionario Uriarte, he aquí un patriota fetén, a tus órdenes, saluda en posición de firmes su disciplinado batallón dispuesto a celebrar por todo lo alto la efemérides del doce, será un alborotado homenaje a España, a la Bandera y a su Himno que no tiene letra.

URGENTE. STOP. NECESARIO LETRA HIMNO NACIONAL. STOP. PRÓXIMO 12 BANDERAS A LA CALLE. STOP. LA PATRIA TE NECESITA. STOP. CONTAMOS CONTIGO. STOP.

El recado llegó a todas las sedes del PP, sector junior, sector senior y sector lactantes. Nuestro reportero Verlitas, disfrazado de azafata de congresos, logró infiltrarse en la reunión de Nuevas Generaciones celebrada ayer en el cuarto de la plancha de la sede de Génova para ultimar los preparativos de la magna conmemoración. Será la gran fiesta de la Hispanidad que este año merece una atención especial para hacer frente «a las acciones de los independentistas radicales», Nacho Uriarte dixit.

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Se apagó la voz de mis noches

Millán Gómez

El jueves conocimos la noticia de que el periodista Carlos Llamas, conductor del programa “Hora 25” en la Cadena SER, fallecía tras una larga lucha contra el cáncer. Con su muerte desaparece uno de los motivos por los que un servidor, desde muy pequeñito, quiso ser periodista y nunca se planteó opciones alternativas. Escuchar su programa, su forma de desmenuzar cada noche la actualidad, su posicionamiento crítico y responsable sin por ello perder en ningún momento ni una de sus convicciones, me inspiró y me inspirará siempre en mi ilusión como potencial periodista y comunicador.

Carlos Llamas presentaba desde hacía 15 años un programa donde resumía las noticias más destacadas del día. Se podía equivocar y, como es lógico, cometía errores y emitía en ocasiones juicios de valor que debería omitir, pero siempre fue un periodista que sabía cómo transmitir información desde la honestidad y el escrupuloso respeto a la realidad de los hechos.

Llevo escuchando “Hora 25” desde mucho antes de tener uso de razón. Recuerdo cómo mis padres me decían que no escuchase la radio por la noche cuando tenía clase al día siguiente porque tenía que dormir y yo escondía la radio debajo de la almohada y la escuchaba con los cascos. Carlos Llamas con su “Hora 25” y otros programas de la SER llevan muchos años siendo mis compañeros diarios porque con ellos, sin que lo sepan, he compartido momentos preciosos y muy especiales. Poner por la noche la SER es mi rito laico de cada día. Sigue leyendo

¿Confrontar o integrar?

Ignacio Sánchez-Cuenca

¿Qué hacer ante partidos nacionalistas con demandas secesionistas?

Por razones que no vienen al caso, escribí este artículo, tratando de dar respuesta a la anterior pregunta, el jueves de la semana pasada. Al día siguiente Ibarretxe propuso el referéndum. Creo que la propuesta de Ibarretxe es una consecuencia colateral más del fracaso del proceso de paz, al igual que lo ha sido la dimisión de Imaz. Algunos han querido ver un mal menor en la dimisión de Imaz. Pero a tenor de lo que estamos viendo, es bastante claro que la línea más dura está imponiéndose en el nacionalismo vasco. Imaz puede contar con que Ibarretxe fracasará y que su proyecto de consenso terminará imponiéndose por la fuerza de los hechos. Quién sabe: el caso es que ahora nos enfrentamos a un desafío que puede explicarse en parte por la frustración que ha producido el viraje del Gobierno a raíz del atentado de la T4. Para los nacionalistas, se ha pasado de discutir sobre la adaptación del “derecho a decidir” dentro de nuestro marco institucional, y sobre la integración de Batasuna en el sistema, a una política mucho más conservadora, como ha quedado puesto de manifiesto con el episodio de Navarra.

Al margen de sus orígenes causales, ¿cómo afrontar este desafío? Hay dos posturas genéricas que se han ensayado en diferentes momentos de nuestra historia reciente.

Una posibilidad consiste en tratar de hacerles hueco a los nacionalistas en el sistema, darles voz y atender algunas de sus reclamaciones, con la esperanza de que en algún momento se convenzan de que están mejor dentro del sistema, aunque sea oponiéndose a él, que fuera. La otra alternativa pasa por combatirlos con todos los recursos de la democracia y la legalidad, intentando marginarlos, atacando sus ideas, con la esperanza de que sus seguidores abandonen y se reduzca el peligro de una crisis política

Mucha gente desengañada piensa que se han probado las dos soluciones y que ninguna ha tenido éxito. La Constitución y el desarrollo de su título VIII a través de los Estatutos de Autonomía parece responder a la lógica de la integración, al igual que las experiencias de coaliciones amplias formadas por nacionalistas y no nacionalistas ensayadas en algunas CCAA (por ejemplo, en el País Vasco hasta 1998). Sin embargo, esto no impidió que los nacionalistas vascos iniciaran, tras la caída del muro de Berlín en 1989 y la creación de nuevos estados (los bálticos, los balcánicos, etc.), un proceso de radicalización de sus demandas que culminó con el Pacto de Estella.

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El gasto social como seña de identidad

Jelloun

Quiero retomar hoy un asunto apenas apuntado días atrás a propósito de la  presentación a los medios de comunicación del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2008. Entonces,  me hacía eco de cómo el ministro “rechazando el supuesto carácter derrochador del proyecto presupuestario, retaba a que se identificara en las cuentas presentadas ese “despilfarro terrible” augurado por la oposición… Ni rastro de tales cosas, porque –concluía-, esa partida sigue siendo, como el año pasado, el 50,5% del presupuesto consignado”.

Más allá de consideraciones como las novedades fiscales, la  polémica boba sobre la relación de Solbes con sus compañeros de gabinete o, en fin, los intentos del PP de llevar la discusión al terreno irresponsable de los agravios comparativos, en esta ocasión quiero llamar la atención sobre el tono inadecuada o excesivamente “defensivo” con el que, en mi opinión,  sigue abordándose desde el gobierno y su partido el gasto público social a la hora de plantearlo ante la ciudadanía y en el debate político.

Me explico: la defensa de unos proyectos que suponen en sí mismos una modesta aunque cierta progresión social no va acompañada de un “discurso” decidido que legitime ante la opinión ese gasto público. De ahí que se esfuerce el ministro –con éxito, eso sí- en descartar el carácter derrochador del presupuesto y no tanto en defender la bondad intrínseca del esfuerzo en gasto público, por ejemplo. Y menos aún de mostrar la insuficiencia actual del mismo para las necesidades del país. Lo que, para entendernos,  supondría contestar al PP algo así como que “si no quieres taza, toma taza y media”, mientras que, por el contrario, el empeño parece estar en demostrar ante el PP y la ciudadanía que, efectivamente, “apenas hay una taza”, que ya es mucho y que tampoco es para  ponerse así.

Por poner un ejemplo: ha sido noticia estos días –aunque poco resaltada, me temo-, el resultado de un estudio según el cual España pierde posiciones en cuanto a calidad del servicio público sanitario comparado con otros países. Se ha contrastado esta evidencia de nuestro discreto puesto en el ranking  con la anterior creencia generalizada de que ocupábamos puestos de élite en el panorama mundial. Era esa, en realidad, un idea interesada y acríticamente  difundida –por gestores y políticos de diverso signo-, cuyo correlato obvio era que no se podía ni se debía – ¡si tan buenos éramos ya!-, hacer un mayor esfuerzo inversor en ese campo. La realidad es que la sanidad, uno de los pilares del “estado de bienestar” sigue estando necesitada de recursos económicos siendo los actuales notoriamente bajos comparados con los de países de nuestro entorno.

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¿Y qué hacemos con Birmania?

Mimo Titos

Realmente no sé como me atrevo a escribir sobre un tema obviamente menor mientras España se resquebraja y se desafía al Estado, todo por culpa de la debilidad manifiesta de Zapatero. Pero es que es tan evidente que el Plan Ibarretxe surgió bajo la Presidencia del duro Ansar y que Ibarretxe está desesperadamente buscando una manera de mantenerse al frente del cotarro, que me da mucha pereza entrar al trapo. Luego está lo de la ofensiva desde ambos extremos contra el Jefe del Estado y la Bandera, que tiene algo más de chicha, pero no tanta para los que sentimos que el balance neto del Rey para nuestra democracia es muy positivo, y además estamos convencidos de que el derecho constitucional a la libertad de expresión incluye el pisoteo y la quema de banderas, de cualquier bandera, y pasarse por el forro a cualquier institución, incluida la Monarquía. Así que lo siento por los angustiados por el destino de España pero prefiero centrarme en un problema real, en una verdadera tragedia como la de Birmania, que afecta directamente a más de 50 millones de personas.

El 19 de agosto, la Junta Militar que “dictadorea” (más apropiado que gobierna) Birmania desde hace más de cuatro décadas, subió el precio del carburante. Unos cuantos “mataos” que ya no podían más salieron a la calle a protestar. Seguramente no lo hicieron por la paradoja de que su país sea el décimo en el ranking mundial de reservas de gas y el segundo en Asia en reservas de petróleo, tras Indonesia, que tiene suficiente como para ser miembro de la OPEP. Simplemente salieron a la calle para expresar que con la subida no iban a poder sobrevivir. El aparato represivo funcionó casi a la perfección y las protestas fueron acalladas. Pero el 5 de septiembre, las fuerzas de seguridad cometieron un grave error en la pequeña ciudad de Pakokku, reprimiendo a palos también a los monjes que se habían solidarizado con los que protestaban.

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¿A quién perjudica UPyD?

Ignacio Urquizu 

El pasado fin de semana se presentó Unión Progreso y Democracia. Los promotores de la nueva formación son intelectuales que provienen de la izquierda, pero que han acabado desencantados con las políticas territorial y antiterrorista del Partido Socialista. Su reacción ha sido crear un partido nuevo con ideas antiguas: combinan un discurso progresista con una propuesta de organización del Estado más centralizada. Prueba de ello es que una de sus primeras ideas ha sido promover la devolución de la competencia de educación al Gobierno central. 

Entre las principales preocupaciones de analistas y políticos está saber a quién va a “perjudicar” esta nueva oferta electoral. Puesto que nunca se han presentado a las elecciones y no se conocen encuestas sobre el UPyD, sólo podemos estudiar casos similares para resolver esta intriga. Quizás, el fenómeno “Ciudadanos” es lo más aproximado a UPyD. También se trata de una oferta progresista con fuerte rechazo al nacionalismo periférico. ¿De dónde obtuvieron los votos? El siguiente gráfico nos muestra una simple correlación entre las ganancias y pérdidas electorales del PSC y PP y los apoyos que recibió Ciudadanos –para un análisis más detallado ver Claves de la Razón Práctica nº 169-. Vemos que en ambos casos, conforme disminuyeron los votos a los dos grandes partidos, aumentaron los apoyos a Ciudadanos. No obstante, la pendiente es mucho más pronunciada en el caso del PSC que en el PP. Es decir, los socialistas perdieron más que los populares con la aventura de Ciudadanos.

 


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Las bondades de la izquierda fragmentada

Aitor Riveiro

En España tenemos unos cuantos temas recurrentes en los debates políticos. ETA, el papel de la Iglesia en el Estado, la (mitificada) sobrerrepresentación de los nacionalismos en las Cortes Generales, si Raúl debe ir o no convocado con la Selección… y la fragmentación de la izquierda. Siempre que se acerca una convocatoria electoral, sea de la índole que sea, son legión las voces, muchas de ellas respetables, que piden la refundación (y refundición) de la izquierda española bajo unas únicas siglas.

La idea es buena: hay que evitar que la dispersión de votos y un sistema electoral no especialmente bueno reste representación a la izquierda en parlamentos y consistorios. El punto de partida del análisis también: es cierto que España es mayoritariamente de izquierdas y que Izquierda Unida, por ejemplo, resta votos fundamentales al PSOE en lugares donde, por mor de la proporcionalidad, la formación de Llamazares no consigue concejales o diputados. El último ejemplo lo vivimos en Extremadura, donde un inconcebible 5% dejó a 40.000 ciudadanos sin representación en Mérida.

Por suerte (o por desgracia) la política es de todo menos una ciencia. Unas premisas correctas no siempre derivan en un resultado lógico y muchas veces el efecto conseguido es el contrario. Ese efecto sería la desmovilización de la izquierda más radical y la tendencia al centro del partido resultante, por lo que se perderían decenas de miles de votos y las políticas que pudiera llevar a cabo un supuesto gobierno respaldado por esa gran formación progresista serían de todo menos eso, progresistas.

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