Barañain
¡Ya tenemos nuevo Tratado de la Unión Europea! En Lisboa ha nacido la nueva criatura. Bien, de acuerdo, el momento no es propicio para un continental repique de campanas en señal de entusiasmo, ni para recitar las disposiciones del texto a los sones de la Oda final de la novena sinfonÃa de Beethoven, con su contagiosa alegrÃa. Desde luego, el momento es menos épico que funcional. Pero, por eso mismo, es un momento muy…europeo.
Cierto es que se trata de un apaño -otro más-, pero también que sirve para salir del atolladero y desbloquea un proceso paralizado tras el rechazo en varios paÃses de la Constitución Europea. Enseguida se han destacado las diferencias del nuevo Tratado con el texto de la fallida Constitución empezando por la desaparición de determinados elementos de evidente carga simbólica como son la propia denominación de “constituciónâ€, el himno, la bandera, y otros. Cierto es que si Sarkozy pretendÃa un “minitratado†lo que ha salido de Lisboa es algo bien diferente: un ladrillo de 250 páginas, sólo apto para muy entendidos, algo “sin chispa†según el editorial de ayer de El PaÃs. Â